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UNIENDO CASUALIDADES

Puzzle fotográfico (2/4)

Puzzle fotográfico (2/4) Un ciego, antiguo amigo de mi mujer, iba a venir a pasar la noche en casa....
Hacía pocas semanas que nos habíamos casado, aún no conocía a todos sus conocidos. Mi mujer nunca me había hablado de él.
Se conocían de la infancia, del pueblo, aunque desde entonces no se habían visto. Era ciego. Le había llamado la semana anterior, vendría a casa esa misma noche. Sus palabras habían sido "Hola Lidia, soy Arnaldo, ¿te acuerdas?" "Sí, ese mismo, oye, tengo que veros, el próximo sábado por la noche estoy en vuestra ciudad…" "Perfecto, sí por la noche, sábado, nos vemos entonces".
Llamaron. Mi mujer estaba acicalándose y ordenó que le fuera a abrir yo mismo. La casa está rodeada por un jardín. Un largo paseo separa la puerta principal de la verja donde se hallaba el ciego. Me envolví con el abrigo y rápidamente me lancé escaleras abajo y, a oscuras, me abrí paso hasta la verja.
- ¿Es usted? El amigo de mi mujer. Arnaldo, ¿me equivoco?- pregunté, escuchando el eco de mi propia voz tal vez afectada por la incómoda situación del encuentro y entrecortada por la rápida carrera.
-Ese mismo, don Pablo –respondió el ciego con seguridad, entre dos largos silencios al fin del segundo de los cuales ordenó:
-Sonría.
El ciego se había apartado dejando que dos potentes focos, los faros de un coche, iluminaran de lleno a Pablo, circunstancia que aprovechó alguien cercano a don Arnaldo para sacar la fotografía que encabeza éste relato.
En breves instantes, que se le hicieron eternos, Pablo reaccionó y pudo vislumbrar la figura del ciego. Se apoyaba en un bastón blanco, llevaba gafas de pasta oscuras y bigote blanco, era un anciano.
- Perdone, ¿le ha molestado mi coche? –preguntó, falsamente educado, Arnaldo. Debe estar deslumbrado -soltó una carcajada. – Ahora comprenderá cómo me las apaño yo, sólo veo sombras que se pasean entre una gran luz. Lo siento, no pretendía asustarle- mintió.
- Hola Arnaldo –saludó Lidia, la mujer de Pablo. – Como tardabais
tanto he decidido salir a buscaros.
Viendo la complicidad entre ambos, Pablo se sintió herido y permaneció a un lado observando cada detalle, ¡todo era tan sospechoso! Sin embargo ignoraba que en medio de aquella confusión le habían sacado una foto. Ése había sido el objeto de la visita del ciego, tomarle una foto al reciente marido de su amiga Lidia cuyo propósito ya no pertenece a éste capítulo.
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