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UNIENDO CASUALIDADES

Puzzle fotográfico (4/4)

Puzzle fotográfico (4/4) Todo empezó con un número de teléfono equivocado, el teléfono sonando tres veces en la quietud de la noche.
- Don Pablo, ya sabes quién soy. Tengo una foto tuya dentro de la
finca, pronto sabrás lo que eso significa –sugirió Arnaldo, con tono amenazante.
Colgó.

Al otro lado del hilo telefónico no estaba Pablo sino su hermano. Arnaldo se había equivocado al llamar al piso de soltero de Pablo, ahora ocupado por su hermano menor, Juan, cuya voz se le antojó idéntica y eso que los ciegos, como es sabido, tienen el oído más fino que los demás.
¿A qué finca se refería? ¿A la que ocupaban Lidia y Pablo? Lo que él no sabia es que un siglo y medio antes, el tatarabuelo de Lidia, escritor, habitaba aquella casa. El rasgo característico de ese individuo y la razón principal de su descomunal obra radicaba en sus pocas horas de sueño y en sus seis o siete horas diarias dedicadas a la extraña labor de narrar los sueños que tenía.

La noche en que don Arnaldo visitó a la pareja hacía exactamente ciento cincuenta años de la muerte del antepasado de Lidia. Don Arnaldo se había hecho con una extraña historia. Conocía el rumor o leyenda que contaba que cada año, como conmemoración de su muerte, el antiguo morador de la finca, el escritor, tomaba el cuerpo del varón de la finca aunque sólo por esa noche, por espacio de unas horas.
Para dar fe de esos rumores, don Arnaldo se hizo con la confianza de un equipo de fotógrafos sensacionalistas y así fue como asaltó al escritor, en el cuerpo de Pablo, esa noche.

Pobre Pablo, nunca olvidaría esa noche. Desconocía esa leyenda pero le tocó vivirla en sus carnes. Esa noche, después de ser alumbrado por los faros del coche dejó de ser él mismo. El viejo escritor tomó su cuerpo y su mente empezó a dar vueltas. El ciego y su equipo se disculparon y dejaron a Lidia sola.

Un tren, un punto de luz, una finca, una dama, recuerdos de un tiempo ya vivido. Eso es lo que soñó. ¿Y cómo lo se? Cada año, el viejo escritor tomaba el cuerpo del varón de la finca para realizar un último sueño más. Luego obligaba a dicho varón a escribirlo. Así fue como fue creciendo año tras año la inmensa e infinita obra del viejo escritor que no conseguía enlazar sus sueños durante más de media hora.

Y así es como te ha llegado ésta historia, sorprendido lector, yo mismo soñé que Pablo soñaba y luego, ese escritor me obligaba a escribir éste mismo relato. Porqué ahora soy yo quién habita la finca.
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