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UNIENDO CASUALIDADES

Sueños y Espejismos

Sueños y Espejismos Gustaba de ir entre los campos de trigo y centeno con su bicicleta. Todo libertad y plenitud. No sentía los pedales bajo sus pies y apenas notaba el cansancio en sus piernas. Pensaba que podría salir volando por encima de su bicicleta si iba muy rápido, y lo consiguió.
Le encantaba la velocidad, notar el viento en su cara bajo el consentimiento del abundante sol que bañaba el valle. Si el terreno lo permitía, erguía su cuerpo y con un pedaleo constante conseguía ir en línea recta mientras podía contemplar las montañas al otro lado del río. Había pequeños pueblos cada par de kilómetros en las laderas. Por donde él iba, por el centro del valle, no había tantos pese a estar en la ribera del río. Los campos eran extensos y ofrecían variedad cromática al paseante. Algunos, los más sombríos, eran para el pasto del ganado: principalmente para vacas y caballos. No todas las vacas eran negras con manchas blancas. Algunas eran marrones de piel, otras blancas o rubias. Los caballos bien cuidados eran elegantes de porte y su piel era reluciente dando calidad a su color marrón oscuro. Al trote eran la expresión del arte, de la bravura, de lo salvaje, de la belleza salvaje, en definitiva.
Había llovido y en el camino eran frecuentes los charcos que lo solían ocupar de lado a lado.
Venía de una carretera, en descenso, dónde había cogido bastante velocidad y encaraba el camino. Miró la espléndida recta que se le ofrecía y se levantó de la bici cogiendo impulso alternativamente con sendas piernas. Estaba trazando una recta perfecta a mucha velocidad cuando vio en medio del camino el mismo cielo. No se dio ni cuenta que justo antes del enorme charco un pequeño montón de arena le hizo de rampa lanzándolo por encima de él. Voló por encima de las nubes!! Notó que algo le impulsaba hacia arriba, se agarró bien al manillar mientras miraba abajo ese espectáculo. Unos enormes nubarrones cargados de agua aún junto con algunas nubes blancas en un cielo azulado iluminado con el sol de la tarde. Cerró un instante los ojos reteniendo esa imagen mientras en su estómago notaba el descenso. Miró adelante justo para tomar contacto con la rueda delantera con el suelo. El impulso tomado había garantizado una trayectoria buena para el salto y la amortiguación delantera lo depositó de nuevo en la tierra húmeda del camino. Siguió pedaleando lentamente con la sonrisa pintada en el rostro. Por una vez, en lugar de surcar el charco, suavemente, para evitar salpicaduras, había volado por encima de él sin romper el perfecto espejo cenital que se creaba.
Por la noche, ya en su habitación (la más alta de la casa, justo bajo el tejado), vio ese mismo cielo ahora despejado por acción del viento, plagado de estrellas.

A esa misma hora, una chica contemplaba el mismo cielo cerca de una gran ciudad.

Alguien continua la historia?
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