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UNIENDO CASUALIDADES

Una copa de cava

-          ¿Quiere una copa de cava señor? – dijo la joven camarera irrumpiendo en la terraza.

-          No quiero nada – dijo él con voz carraspeante volviéndose hacia ella.

Bueno, sí, no quiero tener que volver adentro, estoy mucho mejor aquí fuera tomando el aire.

-          Pensé que le apetecería tomar algo después de tanto rato aquí fuera.

 

Era una estudiante de magisterio y vivía en la ciudad en un piso de estudiantes; los fines de semana volvía a su pueblo natal para ver a sus padres y a su novio. Era una chica alegre muy despierta y entusiasta. Él era agente de seguros. Estaba en una difícil etapa de su madurez, era un hombre gris y algo amargo.

 

-          Estoy un poco harto de los cotillones de fin de año, me parece ridículo pasar la noche soplando estos pitos que se enroscan y desenroscan o llevar encima estos estúpidos sombreritos de cartón…

-          Sí, a mi tampoco me gustan las fiestas que hay que celebrar tanto si se quiere como si no. Por eso suelo buscar trabajo en fin de año. Además se paga bien.

-          ¡Es que no tengo nada que celebrar! Tampoco tengo nada de qué lamentarme. Simplemente no siento ni el más remoto deseo de hacer el capullo en una discoteca tirando confeti en el escote de una compañera de trabajo o acabar la noche riendo los chistes verdes de una amiga de mi señora.

 

Se labró un silencio cómplice entre los dos ante el que él se sintió más incómodo que ella.

 

-          ¿No tendrías que volver a trabajar?

-          Ya estamos terminando, me han dicho que recoja la terraza. Además, cuando se vayan todos los clientes tengo todo el tiempo del mundo durante la mañana para hacerlo.

 

Quizá fue la aroma de intimidad que se había creado en un momento entre ellos, quizá la frescura burbujeante del cava o la fermentación de ideas resultado del largo rato que llevaba reflexionando. Sea como fuere, finalmente se animó a compartir con ella sus inquietudes.

 

-          La gente no suele hablar de estas cosas pero qué más da. Las fechas navideñas y el fin de año se prestan a replantear las cosas, ¿no crees? – le dijo mientras la miraba sinceramente a los ojos.

¿Sabes? Llega un momento en qué los sueños y proyectos de la juventud se olvidan y no se realizan jamás. Uno se da cuenta que no es ese quién deseaba ser y acaba por zambullirse en la mediocridad imperante. En la pareja sucede lo mismo, se termina por tropezar una y otra vez con los defectos del otro y los de uno mismo. Lo peor de todo es que ya nada es capaz de llenar ese vacío. Simplemente dejamos de ser jóvenes y nos resignamos a ir tirando mintiéndonos a nosotros mismos creyendo que “la vida es así” y que lo que soñamos no existe. Nos sentimos muy orgullosos de ser prácticos y responsables, pero si eso es madurar preferiría no madurar nunca.

-          Qué triste debe ser sentirse así. Todos podemos evolucionar. Además yo no creo en el fracaso, no soy pesimista. Simplemente me siento muy afortunada de todo lo que tengo y me acepto como soy. Si me ocurre algo malo intento ver lo positivo y levantarme otra vez. Cuesta ver algo nuevo, parece que cada día sea igual al anterior pero si uno sabe pararse y observar siempre hay algo que conecta contigo y te quiere decir algo.

-          ¡Ojalá tengas razón! Me inspira mucho todo lo que dices. No se por qué te estoy pegando este rollo a ti. Me doy lástima a mi mismo. Sin embargo, cada día que paso en mi trabajo siento como un pedazo de mi alma se evapora. ¿Pero tengo derecho a pedir más? Tengo familia, salud, me puedo mantener…

-          Claro. ¿Eres feliz? Todo el mundo tiene derecho a ser feliz. Quizá haces un trabajo monótono y poco creativo. Yo cuando sea maestra intentaré hacer más entretenidas las asignaturas a mis alumnos. Creo que se aprende más si uno se divierte. Mira, te voy a contar una cosa que me ocurrió…

 

Pasaron los minutos, se sucedieron las canciones y las copas. Varias parejas, escogieron la estimulante terraza en vez de la agobiante discoteca. La constelación de luces lejanas ayudaban a ubicar la ciudad de donde venían y por la que por momentos se habían abstraído para divertirse y ahuyentar por unas horas sus problemas, esperanzas, alegrías o sinsabores. Las palabras optimistas de la camarera le ayudaron a entrar con buen pie en el nuevo año. Quién sabe, quizá con otra actitud este sería su mejor año.

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1 comentario

La Fada -

Hola, espere que entengues el valencià...
He estat fullejant el teu blog...
Només saludar-te

Ànims


La Fada
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