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UNIENDO CASUALIDADES

Inspiraciones

29 S, huelga general

29 S, huelga general

Cojo mis bártulos de narrador: libreta, bolígrafo y cámara de fotos y me planto debajo de mi casa cuál acuarelista dispuesto a ‘pintar’ el cuadro de realidad que tiene enfrente. Delante de mí se encuentra una estación de ferrocarril (FGC) con las persianas echadas.

La calle está desierta y el sol brilla con intensidad veraniega a pesar de hallarnos en el incipiente otoño. Nadie a mi derecha y a penas un peatón a mi izquierda. Cruzo la calle para acercarme a la persiana. Ningún cartel informa de los servicios mínimos. Posteriormente, averiguaría que éstos habían sido de seis a nueve de la mañana y de cinco a ocho de la tarde. Si no fuera porque al encender la radio (privada, la pública hace huelga) la palabra ‘huelga’ se repetía a una cadencia de cinco veces por minuto, podría tratarse de un día festivo cualquiera.

A falta de signos anómalos me veo obligado a abandonar mi trinchera narrativa para cubrir la parte anterior de mi casa dirección al casco viejo del barrio. Los bancos, panaderías, guarderías y colegios están abiertos; así como la frutería y el mecánico.

En una calle que suele estar igual de desierta que la posterior de mi casa, había un grupo de jóvenes, cámara en ristre, grabándose mientras tocaban música. A pocos pasos suyos, reconozco a Arcadi, no Espada sino Oliveres, con aspecto bonachón, como siempre, jugando con una niña a las puertas de una guardería.

En la calle mayor se apreciaba más animación de la habitual en un día laborable. Parece un día de fin de semana (rostros relajados, sonrientes y gente paseando sin prisa) con la salvedad que hay muchos más negocios abiertos que un sábado o domingo cualquiera.

Sin embargo, cuando ya desistía en mi búsqueda de elementos anómalos, los encuentro al darme de bruces con el primer punto de recogida selectiva de basura. Los tres contenedores están llenos a rebosar y rodeados por un generoso excedente de cartones y bolsas de plástico. Ante este signo, decido abundar en mis investigaciones entrando en un par de escuelas de primaria bien heterogéneas: la escuela italiana y una escuela pública ‘progre’ a más no poder. Considero que la muestra puede ser representativa.

En la escuela pública los niños están en pleno recreo matinal. En recepción, me informan que la jornada se desenvuelve “con total normalidad” y que sólo cuatro maestros han hecho huelga. Sin embargo, una desenvuelta muchacha me revela que el servicio de comedor sí hace huelga con lo que -según me informa la recepcionista- muchos padres optan por recoger a sus retoños a medio día, aprovechando que en muchas empresas no se trabaja (ya sea por elección o por obligación).

Delante de la escuela italiana, veo a una docena de familias recogiendo a sus hijos. Haciendo uso de mi italiano confirmo que, al igual que en la escuela pública, muchos padres prefieren aprovechar ese día semi festivo para pasarlo en familia.

Buscando otro punto de vista de la huelga inexistente en mi barrio –basuras y comedores infantiles a parte- pongo la misma radio privada de esta mañana para escuchar en voca de Carles Torrecilla los perjuicios que acarrea una huelga general.

Entre los económicos, determina –haciendo una simple regla de tres- que un día de huelga le cuesta al país dejar de producir unos 300 millones de euros. En la economía de la calle representa un 5% menos de ingresos de este mes mientras que los gastos fijos continúan allí.

En cuanto a la imagen, dejando a un lado la confianza inversora y especulativa de los mercados, valora que la imagen de una calle cortada por la quema de neumáticos permanece unos veinte años en la retina de los turistas que pasean por Plaza Cataluña.

Finalmente, hace otra aportación de calado: un día de huelga no ocasiona pérdidas sólo por espacio de 24 horas sino que hay que tener en cuenta las horas de planificación y previsión de los empresarios para garantizar la producción de ese día tanto internamente como para sus clientes internacionales.

Completa su análisis diciendo que tenemos una sociedad demasiado compleja y sofisticada para que un sindicalista pueda valorar los costos que ocasiona una huelga de estas características. Y termina con otro apunte: además de todos los costes económicos, hay uno mental: el de externalizar la culpa (hacia la crisis, hacia los gobiernos) sin asumir la que nos pertenece.

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 [desconozco el origen del texto. Pero sin duda recomiendo imprimirlo y colgarlo en algún lugar visible de tu habitación]

Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf.

Después, preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que .


El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf.

El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que .

Después, el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos.

El profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un unánime.

El profesor, rápidamente añadió dos tazas de café al contenido del bote y, efectivamente, llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían.

Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo:

Quiero que os fijéis que este bote representa la vida.

Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada más nos quedasen estas, vuestras vidas aún estarían llenas.

Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche… La arena es el resto de las pequeñas cosas…

Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes. Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Ve con tu pareja a cenar, juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, practica deporte, disfruta con tu afición favorita…

.. y terminó con:

- Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del agua. Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto solo es arena.
Uno de los estudiantes levantó la mano y le preguntó qué representaba el café.


El profesor sonrío y le dijo:

- ¡Me encanta que me hagas esta pregunta!. El café es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos tazas de café con un amigo.

Moderación vs Intensidad

Moderación vs Intensidad

En algunas ocasiones he tocado el tema de los polos opuestos, la mirada polícroma, el blanco, negro y los grises. Pues bien, hablemos de la intensidad y la moderación.

En un reportaje de la TV decían que los consumidores de cocaína, que llegan a un nivel de dependencia sin fácil retorno, no distinguen entre placeres mundanos más allá del de consumir. Resulta que ni la comida, el sexo, el deporte, dormir o tomar el sol les produce el más mínimo placer comparado con el consumo, que más que placer, les reduce la abstinencia y les lleva a un estado más o menos equilibrado siempre y cuando sigan consumiendo cada vez cantidades mayores.

Así que además de una llamada contra el consumo de drogas quisiera hacer el siguiente paralelismo: marcarnos como ideal de vida ir paso a paso consolidando logros y virtudes sin querer realizar todo de una vez, sin disfrutar descontroladamente de todos los placeres al alcance. Es decir, aunque no lo consigamos, os invito a tomar nota mental de intentar vivir menos según las prisas, estrés, intensidad y más desde la moderación, la coherencia y la previsión. De esta forma será más fácil disfrutar de las pequeñas cosas y realizar las metas que nos propongamos.

¿Ficción o realidad?

¿Ficción o realidad?

[Imagen Sandy Hemingway]

            Sólo tenemos una vida pero deseamos, imaginamos y soñamos con vivir muchas más. Por ese motivo tenemos avidez de historias ya sea a través de películas que de novelas. Casi como un ritual, nos ponemos en la piel de los más variados personajes dejándonos llevar por sus emociones sorprendiéndonos de lo que la imaginación o nuestra empatía nos puede llegar a meter dentro de una historia.

            La ficción no sólo es una huida de la realidad. De cada novela, de cada personaje se puede extraer una pequeña lección de vida ya sea en un taxi de Nueva York, una calle de Bogotá, un pub de Dublin, o un tren de la India. Cada experiencia literaria o cinematográfica puede tener su incidencia en la vida real llevándonos a comprender mejor algunos colectivos, algunas problemáticas, poniendo rostro y apellidos a los titulares de los periódicos tan reales pero a veces abstractos.

            Dicen que la humanidad siempre ha buscado respuestas a través de cuatro fuentes: religión, filosofía, ciencia y arte. De las cuatro el arte quizá es la más accesible. Como dice McKee en su ‘guión’ pocos leen a Kant o Hegel si no es para aprovar un examen. No todo el mundo es creyente ni sigue con interés los estudios de biología, astronomía, sociología o economía.

            Necesitamos de los dramas, las comedias, las sátiras y las tragedias para avanzar como cultura, para comprender en qué hemos cambiado y en qué hemos salido perdiendo. Sin embargo, cuesta que lleguen buenos guiones a la gran pantalla y el hueco lo llenamos a base de espectaculares imágenes, sonido y bandas sonororas.

¡Déjate quemar!

¡Déjate quemar!

[ Después de ver la adaptación de Marc Martínez a The New Look Back in Anger (John Osborne) ]

Mira las llamas del fuego como crecen y devoran la madera. Escucha el crujir de la madera consumida por el fuego batallador, el rugido del aire cuando se alía con él dándole todo su aliento y vigor.
El fuego es furibundo y destruye la madera seca pero se le resiste la que tiene frescura en su interior mientras que deja en paz la que está podrida.

Mírame, somos un pedazo de madera devorado por la vida. Si permanecemos pasivos seremos como la madera podrida que ve pasar los años en un rincón del sótano.

Si nos limitamos a seguir el camino marcado se nos secará el corazón porqué la vida es estéril si nos limitamos a seguir ciegamente unas cuantas reglas. El fuego nos consumirá si sólo vamos tirando para pagar la hipoteca, subir un par de críos y cumplir con las exigencias sociales.

Por el contrario, el fuego hará que brillemos con más intensidad si preservamos el agua de la vida, el frescor interior y unos cimientos que no se evaporen ni se desvanezcan detrás de una cortina de humo.

Decía Marc que “nos situamos en medio de un mundo en ruinas y buscamos entre las cenizas la brasa viva que puede reavivar el fuego apagado del mundo”.

Escúchame, ¿me comprendes, me amas? ¿O piensas que soy un loco? Súbete a lomos del dragón o permanece tranquila sentada en tu seco baúl de madera.

Déjate quemar puesto que:
“en el amor no hay lugar para el temor:
al contrario, el amor perfecto elimina el temor,
porqué el temor supone un castigo,
y el que teme no ha llegado a la plenitud del amor”.
(1ª carta a Juan 4,18)

Funcionariado

 

Me da particular rabia el funcionariado que te tira descaradamente en cara su reducido horario y sus pocas ganas de trabajar como si su "servicio" al país fuera un lujo y la conciliación con su vida privada lo más sagrado del mundo. Así que es normal el rebote que pillé las pasadas Navidades con una bibliotecaria.

Resulta que aproveché el único día libre que dejó el nutrido calendario festivo entre San Esteban y fin de año para ir a mi biblioteca de barrio, a veinte minutos de su cierre, a las dos del medio día.

Sólo iba para sacar un libro. Normalmente con cinco minutos me basta para buscar su disponibilidad  en el catálogo con el ordenador de consulta y localizarlo en el apartado de novela. Cuando llegué me encontré todos los ordenadores cerrados.

Cuando me asomé a la primera estantería de novela estalló el hilo musical a todo volumen (faltaban 15 minutos para cerrar y ya avisaban para que la gente fuera abandonando la biblioteca).

Cuando se me ocurrió preguntar a una bibliotecaria por el libro ésta me advirtió que el mostrador donde se registran los libros que te llevas a casa estaba cerrado y que en caso de encontrar el libro no podría sacarlo.

Con cara de pocos amigos me dirigí hacia la salida. Eran las 13:59.

A la salida me esperaba una bibliotecaria que me increpó diciendo que era la hora y que si ella no tenía derecho a celebrar las fiestas con su familia, que si yo no había tenido toda la mañana para acudir a la biblioteca...

Mi respuesta fue: "son las 14 en punto, en mi trabajo a esa hora empiezo a recoger. Si esta es tu idea de servicio público..."

 

Yo he cambiado, todo ha cambiado

Yo he cambiado, todo ha cambiado

"Nada ha cambiado, sólo yo he cambiado. Por lo tanto, todo ha cambiado"

Cuando leí esta frase, supongo que al igual que tu, me dió que pensar. Es curioso como, si uno está atento, en poco tiempo han habido diferentes momentos que me han recordado esta misma frase. Un libro, una charla. Precisamente de esto os quiero hablar.
Conversando con E.B. me dijo que es muy celoso con su pareja. Resulta que los celos llegan a tal punto que cualquier signo de comunicación de su pareja con el móvil que no vaya dirijido a él, cualquier ausencia no justificada, un tiempo (más de 3 horas) sin un SMS o llamada de su pareja, le resultan motivos suficientes para sentir la necesidad de saber de ella y de su relación con los demás chicos que la rodean.
Supongo que véis la relación de este ejemplo con la frase inicial de este post. Nosotros decidimos (más de lo que nos pensamos) sobre cómo ver la realidad casi tanto como la realidad se nos impone por si misma.

Por ello ante una misma amenaza, si nos la encontramos en dos momentos diferentes, la podemos usar a nuestro favor superando una adversidad o nos puede vencer volviéndose en nuestra contra. Según la actitud que decidamos tener podemos convertir cada amenaza en un reto, en una oportunidad.
Según cómo decidamos ver y vivir la vida, la realidad que nos rodea puede cambiar. Ya es hora que nos demos cuenta que para que haya un cambio en nuestra vida o nuestra relidad, tenemos que empezar por nosotros mismos. "Yo he cambiado, por lo tanto, todo ha cambiado".

En nuestras manos está tener una actitud positiva y activa para ir a buscar lo que nos interesa sin esperar a que nos llegue la casualidad o la oportunidad. Dice George Bernard Shaw que "Sólo triunfa aquél que se levanta y si no encuentra las circunstancias, las crea". Hay que creer en uno mismo y en la cantidad de cosas positivas y recursos que tenemos para ser felices y hacer felices a quienes nos rodean.
Por esto he escogido la foto, transmite la idea que desde uno mismo podemos influir, con buenas vibraciones, a nuestro entorno.

Lo que esconden los graffiti

Lo que esconden los graffiti Los graffiti es un tema de los que se prestan a muchos matices.
Solo hace falta observar la doble moral de los ayuntamientos en este tema.
Por el lado estético y de civismo se lucha contra ellos pintando y repintando las paredes graffiteadas.
Por el lado caza-voto-joven-rebelde se hacen campañas de colaboración con reconocidos graffiteros para decorar estaciones de metro o muros al más puro estilo del "si no puedes vencer al enemigo, únete a él".

Forman parte ya de nuestro paisaje urbano, son un medio más de expresión.
Sin embargo, cada dia me sorprende ver graffiti en los puestos más inverosímiles.
Uno se imagina al artista o gamberro (según se mire) colgado de una cuerda debajo un puente o adentrándose en un peligroso túnel.

Hay graffiti de muchos tipos. Hay barrios, paredes o puertas metálicas que perderían toda su identidad sin ellos mientras que muchas casas y muros la recobrarían.
¿Son arte o no? es indiscutible que algunos graffiti figurativos tienen una fuerza y garra extraordinarias al mismo tiempo que algunos grafitti no figurativos (con letras) son de las pocas muestras de arte caligráfico de nuestro tiempo.

Finalmente, quiero hacer un comentario sobre los graffiti reivindicativos: esas frases-lema que ensucian paredes de par en par. Sinceramente, me sobran.
Algunos son brillantes como uno que leí que decía: "Feliz Navidad y próspera miseria".
Sin embargo, la mayoría de las veces no vale la pena ensuciar una pared para decir según que.
Muchos jóvenes se creen unos profetas o héroes por el mero hecho de plasmar sus ideas en un medio más o menos duradero y público.
Creo que se lo podrían ahorrar y en vez de quejarse de lo mal que va el mundo hacer algo más que ocupar casas, armar jaleos y ensuciar paredes. Todos se lo agradeceríamos.

Con todo esto no quiero decir que los jóvenes no tengamos que tener ideales e inquietudes sobre cómo va el mundo, discutir los valores de la sociedad, etc. Me refiero a mirar lo que hace uno mismo ya que las mismas actitudes particulares son las que luego refleja la sociedad. Es muy fácil desde la pobreza reclamar el reparto de las riquezas o la paz en el mundo.
Pero quizá debemos empezar por cumplir con nuestras pequeñas tareas, asumir nuestras responsabilidades y, una vez tenemos poder o responsabilidad, actuar consecuentemente nos saldrá natural. En el fondo algunos graffiti denuncian la propia fustración. Es muy humano echar pelotas fuera.

El precio de la libertad

El precio de la libertad La felicidad tuvo un precio. En su caso un hijo en común y cinco años de relación rotos. En el fondo, una necesidad:
la de romper con una vida diseñada para ser productivo en una ciudad que le engullía su tiempo y su espíritu.
Tomó la valiente decisión de dejar un empleo seguro y volver sus orígenes. En su caso, venía de las montañas pirenaicas.
De allí venía su familia y allí quería encaminar la propia.
Pero en ese maravilloso paisaje de alta montaña, vigorosos árboles y suaves valles, no encajó su matrimonio.
Su felicidad individual se imponía a la colectiva y ésta se rescabrajó.
Meses después se recuperaría con un inesperado amor de la misma naturaleza que su interior liberalizado.
Y es que en el amor, como decía Antoine Saint-Exupéry, no se trata de mirarse a los ojos sino en mirar en la misma dirección.
Ahora, con su nueva pareja, trabajaban juntos en un nuevo proyecto relacionado con el campo, la agricultura, en el desarrollo de la zona, de la tierra que ellos aman y de la que quieren un futuro más allá de la especulación inmobiliaria.

El ruido se come las palabras.

El ruido se come las palabras.

[Posts relacionados Al sarlir de marcha, Ocio Nocturno ]

Como todo el mundo, he ido y sigo yendo, de vez en cuando, a la discoteca.

Dentro de esa olla a presión de ruido e imágenes coloradas e intermitentes, la gente baila, bebe, se desahoga e intenta ligar. Aunque si uno va a ligar seguramente no lo va a tener fácil, puede ser una noche frustrante. Y esto por varios motivos. Básicamente dos: la resistencia que ofrezcan ellas y las condiciones de la sala que hacen imposible cualquier conversación.

Los chicos se intentan mostrar muy machos, seguros de si mismos, simpáticos, buenos bailarines y receptivos con las chicas.
Ellas suelen bailar mucho mejor que ellos, más sensuales y seductoras, suelen dejar ir miraditas con cuentagotas y les gusta hacerse de rogar un poco.

Con la seguridad que da el grupo, la música altísima y la luz intermitente, no es difícil que surja química entre ellos y ellas. Es lógico y natural que a esas edades, y con el bullicio hormonal correspondiente, la gente baile, se encuentre y ligue. El problema es que no me parece el sitio más adecuado: el ruido sustituye las bromas y la conversación, el estilo chulesco se impone a la autenticidad, el ritmo directo se impone al gradual. Se busca el rollo sin mediar palabra: “aquí te pillo, aquí te mato”.

Así que me parece que la discoteca se ha convertido en poco más que una vía de escape después de una semana laboral agotadora. Si no te apetece hablar con nadie no está mal como alternativa, ya que si se trata de desahogarte puedes hacerlo tanto como necesites. Para otros es la 'Meca' del Techno, House, Progressive, Dance. Todos nos hemos dado cuenta que hay gente tan asidua a las discotecas, que no entienden el ocio sin su ración semanal de disco.

Para mi, creo que es un exponente más de nuestra sociedad hedonista, conformista y consumista que nos planifica al milímetro nuestro ocio. La verdad es que pasar más de dos horas en una discoteca es bastante aburrido, lástima que no encontremos bastantes formas alternativas de ocio.

Love-Hate

Love-Hate

Por lo menos en cuatro ocasiones os he hablado de los opuestos ya sea hablando de las dos velocidades vitales (1) o dos actitudes para aprovechar la vida (2) o contraponiendo conceptos en sí (3 , 4 ). Creo que ya he dicho casi todo sobre el tema pero viendo esta foto fantástica no he podido resistir la tentación de compartirla.

La misma palabra escrita con habilidad puede convertirse en su concepto antagónico poniendo un espejo delante, me parece genial.
Es una forma de decir que un concepto puede convertirse en su opuesto. Decía una amiga que en el fondo todo es amor, hasta lo más negativo es amor a algo: al dinero, al ego, a la violencia, a la confrontación.
Lo que está fuera de toda duda es que necesitamos la diversidad, identificar los polos opuestos, los extremos, lo que complementa, lo que une o separa.

Al plantearnos nuestra vida hacemos elecciones continuamente sobre nuestro estilo de vida, ritmo o velocidad, escogemos unos valores que anteponemos a otros, etc.
Viendo sus opuestos, cada idea o concepto cobra fuerza y sentido: sabemos del día porqué hay noche, del blanco porqué hay negro, conocemos la alegría porqué nos hemos sentido tristes o podemos hacer reflexiones profundas tipo “qué sería del vuelo de la paloma sin la resistencia del aire”.

Finalmente os dejo con el juego de opuestos que utilizó San Francisco de Asís para hacer una bonita oración:
Donde hay odio, que yo lleve amor.
Donde hay ofensa, que yo lleve el perdón.
Donde hay error, que yo lleve la verdad.
Donde hay desesperación, que yo lleve la esperanza.
Donde hay tristeza, que yo lleve la alegría.
Donde están las tinieblas, que yo lleve la luz.
Haz que yo no busque tanto:
ser consolado, sino a consolar.
ser comprendido, sino a comprender.
ser amado, sino a amar.
Es dando, que se recibe.
Perdonando, que se es perdonado.
Muriendo, que se resucita a la vida eterna.

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Respeto: mirada atenta

Respeto: mirada atenta

La semana pasada os hablaba del oído, ésta semana: de la mirada. Me gusta escuchar a personas que con pocos términos logran construir una idea que transmite mucho. Josep Maria Esquirol reflexiona en periódicos y radios sobre su ensayo: La ética de la mirada atenta.
Hace pedagogía del respeto como una actitud que relaciona y focaliza en la mirada atenta, la actitud principal para respetar y, en consecuencia, ser respetados.
Escuchándolo por la radio ponía ejemplos. Si nos fijamos atentamente en un bebé, en un anciano o en un enfermo, nos daremos cuenta que los respetamos por su fragilidad, por la necesidad que tienen de nosotros.
Decía también que para ayudar a entender ésta mirada atenta ayuda bastante contrastarla con sus opuestos. Citó dos: la indiferencia y la arrogancia.
Una persona arrogante no ve más allá de si mismo y por lo tanto no puede fijarse atentamente en los demás, mientras que un indiferente ni siquiera se da cuenta de lo que pasa alrededor suyo. Sobre éste caso puso un ejemplo: el de unos chicos que vuelven de la escuela en tren y no se dan cuenta que hay un par de ancianos que no tienen donde sentarse.
Por último decía que no era partidario de enseñar a mirar en las escuelas. Cuanto más se recargue el horario académico menos ocasión para mirar tendrán los niños. Tienen derecho a perder un poco el tiempo para pararse a pensar y entonces quizá vayan más allá de si mismos.

Individualismo vacío.

Individualismo vacío.

Eran las nueve de la noche en un vagón del metro de cualquier ciudad del mundo. La gente volvía cansada del trabajo y se dirigía a su hogar. En ese transito entre el sitio de trabajo y el hogar, la mente de muchos de los viajeros no estaba ni en un sitio ni en otro pero tampoco en el metro, estaba en blanco.

Uno de ellos estaba cerca de la puerta de salida, de pie, inmóvil. Su mirada estaba perdida y nada de lo que ocurría en el vagón tenía que ver con él.

Ya sabéis mi debilidad por las paradojas pero ésta es realmente curiosa.
Se habla mucho en nuestros días del individualismo, de que cada uno mira por lo suyo y no mueve un dedo para hacer algo sino es a cobro revertido.
Al mismo tiempo la TV está llena de programas donde cotillear en la vida de otros. También se insiste en que cada vez más la gente tiene menos tiempo para reflexionar sobre su vida, para reforzar sus cimientos, afrontar los golpes duros y eso se nota en la fragilidad de las relaciones de pareja, amistad y falta de compromiso a todos niveles: familiar, comunidad de vecinos, ayuntamiento, región, país,…

La globalización es paradójica, la individualidad tiene un doble sentido: por un lado cada individuo es insignificante pero por el otro, cualquier noticia puede dar la vuelta al mundo y cualquier iniciativa personal puede ganar adeptos a una velocidad que sorprende al propio interesado. Por un lado pensamos que involucrarnos en algo no servirá para cambiar nada pero ni siquiera tenemos tiempo para ocuparnos de nosotros mismos y nuestro tiempo libre lo pasamos metidos en la vida de los demás: en el cine, en un libro o en la TV.

A ti que paseas por la calle cabizbajo en el despertar de ésta primavera impaciente: despierta! Levanta la vista del suelo, cierra los ojos, mira el cielo y deja que el sol te de a la cara.
A ti que conduces agobiado por el tráfico: abre la ventanilla y deja que te de el aire.
A ti que te sientas en un rincón del tren: sácate los auriculares de tu mp3 y escucha una conversación ajena.

Tenemos los sentidos embotados: no prestamos atención a los olores de una pastelería; comemos mientras ojeamos (sin leer) el periódico, encendemos la TV para hacer más cómodo el silencio de una familia que no tiene nada que decirse o nos pasamos el día mirando la pantalla del ordenador.
Escuchamos poco a los que nos rodean pero no podemos estar sin ruido, no sabemos estar solos ni hacer de la convivencia con los demás algo más que el siemple respeto y tolerancia. Pienso que muchas veces se habla de tolerancia cuando se quiere decir indiferencia. Haz la prueba: verdad que no eres tan tolerante con aquellos que te importan y que, a fin de cuentas, amas? Verdad que luchas para tener una convivencia mejor aunque cueste? A ver si compartimos un poco más nuestras ideas, inquietudes, nuestro tiempo con los demás.

Inmaterialismo materialista.

Inmaterialismo materialista.

Estaba dentro del autobús mirando por la ventana la cotidianidad de la ciudad. Las calles, las personas caminando o esperando cruzar, los edificios, los parques, árboles, etc. De repente hemos pasado cerca de un parque donde yo solía ir a jugar con J.M. mi mejor amigo de entonces. Sin tiempo para rememorar juegos y fiestas de cumpleaños acaecidos allí, un elemento material me ha llevado a la siguiente reflexión (inmaterial).

Se trataba de una simple pelota de plástico con la que juegan los niños pequeños hasta los cinco años. Dicen que detrás de una pelota descontrolada por la calle suele ir un niño. Se dice para que los conductores vayan con cuidado y reduzcan notablemente la velocidad al ver una pelota cruzarse por su camino. Pues bien, esta vez no era un niño sino su madre la que iba en rescate de la caprichosa pelota. Ella sabía la importancia que tenía la pelota para el pequeño y ha arriesgado bastante metiéndose casi bajo las ruedas del autobús en marcha salvando la pelota en el último momento.

Entonces he recordado el enorme valor que dábamos de pequeños a ‘nuestras cosas’. A ese coche viejo sin color, a ese muñeco roto, a ese libro insustituible, a esa pelota que perdimos pero que siempre recordaremos…

Hay centenares de recuerdos que hablan de nuestra infancia. Hay centenares de objetos que materializan nuestra infancia.

Es así como he llegado al título extraño de este blog. Realmente, no todo el consumo y las posesiones materiales son malas. Hay objetos que pertenecen a lo personal, dicen de nosotros, son nuestra infancia y evocan recuerdos de forma que partiendo de lo material recuperamos curiosamente una parte espiritual de nosotros, una parte inmaterial…

Actitudes inmaduras.

Actitudes inmaduras.

Hay personas que piden a los demás lo que ellas mismas no pueden exigirse. Pondré dos ejemplos.

El primero es bastante común a todos. A todos nos ha pasado alguna vez. Alguien te dice un secreto y, como coletilla final dice: no se lo digas a nadie. Esa persona tiene el secreto de otra pero le resulta tan excitante que no se lo puede quedar para si misma y tiene que contarlo. Para evitar que la persona interesada se entere que su secreto ha ido de boca en boca se dice lo de no se lo digas a nadie. Pero yo pienso: si tienes un secreto que es muy importante para ti, no se lo digas a nadie. Exigir a otro que haga lo que no has sido capaz de hacer tu (guardar tu propio secreto) no es muy maduro.

El segundo ejemplo es el siguiente. Resulta que estoy de Erasmus en Italia. En ese entorno de estudiantes hay un tipo de chicas que tienen un comportamiento inmaduro similar al descrito en el anterior ejemplo. Resulta que quieren ser libres y hacer lo que quieran pero sin asumir un mínimo de responsabilidad de lo que hacen. Es decir, por la noche hacen juegos como besar a todos los chicos, dar golpes o patadas a la gente, beber hasta vomitar, etc. Después, cuando salen los comentarios y las fotos, se arrepienten y pretenden que todo desaparezca. Son niñas monas, modositas y estudiosas de día y no quieren que sus padres, amigos u otros se enteren que de noche son unas petardas.

Creo que es absurdo. Si bebes tienes que asumir las consecuencias. Es muy típico también decir no sabía lo que hacía y me enrollé con esa chica, hice eso, lo otro pero sin enterarme de nada. Me cuesta mucho entenderlo. Antes de beber la gente sabe lo que va a hacer en la mayoría de casos. Es más, precisamente la gente bebe para hacer esas cosas que sobrio no tienen gracia o no se atreve. No os parecen actitudes un poco inmaduras?

Pereza social

Pereza social El ser humano es más bien egoísta por naturaleza. Tendemos a mirar por los nuestros y por lo nuestro.
Si no existieran las buenas formas o lo que comúnmente entendemos por buena educación, aún sería más evidente.

Hoy os voy a introducir un aspecto de este egoísmo tan arraigado: el de huir del contacto con los conocidos del día a día.
A mi también me ha pasado. Se trata de un sentimiento que puntualmente tengo aunque, afortunadamente, no muy a menudo.
Me levanto con pereza mental, con pocas ganas de hablar con nadie, con poca autoestima, estoy un poco bajo de moral y si salgo a la calle no quiero encontrarme con nadie. Entonces voy caminando por la calle con la mirada baja, pasos rápidos pero no puedo evitar alzar la vista de vez en cuando.
Es cuando mis ojos ven alguna cara conocida, algún vecino o amigo cuya conversación suele ser rutinaria o llena de preguntas incómodas.
Es en estas circunstancias que algunos cambian de acera, pretenden no haberte visto o dicen lo de ‘lo siento, tengo prisa, nos llamamos’.

En nuestra sociedad es muy común NO tener tiempo para saludar, charlar o tomar algo con alguien pero SI para cultivar músculos, hacer sesiones de estética (maquillaje, depilación, rayos uva,…) o deporte. Actividades solitarias todas ellas. Para no mencionar las horas pasadas delante del ordenador (sin trabajar) en Internet o delante la TV.
En nuestras prioridades no está la de ser atento con la gente con la que convivimos.
En las ciudades se ha perdido mucho el contacto con la gente, en los pueblos aún se ayudan unos a otros creo.

Quizá deberíamos tener menos miedo a charlar con los demás aunque al principio sólo sea para hablar del tiempo y las preguntas básicas.
Después quizá vemos todo con otros ojos y se nos abran más posibilidades.

Lo que dicen del amor

Lo que dicen del amor ¿Qué es amor?¿Una locura temporal inducida por sustancias químicas en el cerebro?¿Una inefable sensación colindante con la experiencia religiosa activada por la presencia de la persona amada?¿Un truco de marketing?¿Una devastadora ocurrencia periódica en la vida de la mayoría de personas que suele terminar en dolor?¿La ausencia de dolor?¿Un virus informático? [Frase anónima]

JOSE LUIS SAMPEDRO

Qué son una pareja de ancianos, sentados en el banco del parque de su barrio? No llaman la atención de nadie, sin embargo, la pareja no está en ese banco sino en otro mundo suyo, flotando sobre lo cotidiano. Una vez más, lo visible esconde la honda verdad. Su silencio está lleno de mensajes; su momento, cuajado de recuerdos convividos, de días memorables y perennes paisajes: por eso las dos miradas ausentes, las sonrisas inefables. Cae la tarde. Los ancianos se levantan con esfuerzo, cada uno sostiene al otro en el andar vacilante. Están en la última fase de su vida, por eso cada hora vale tanto; no durará mucho el que más dure. ¿Para qué seguir? ¿Para quién? Les adelanta un joven deportista a toda velocidad. Se pregunta ‘¿qué harán los viejos por las noches'. Es demasiado joven para saber que no hacen el amor. Lo son.

JOSE ANTONIO MARINA

¿El amor está sometido a deberes? Mis alumnos adolescentes contestan unánimemente que no, que el amor es espontaneidad, expansión gozosa, libertad, y eso implica no hacer nada por obligación. Entienden que todo lo que se hace por deber es una hipocresía, una falta de autenticidad. Cumplir un deber es siempre una tarea molesta; una relación amorosa ha de ser fácil y placentera. No me extraña que el amor, tal como lo entienden, sea algo tan frágil frente a frustraciones, molestias o desencuentros.

A lo que más se parece el amor es a una estimulante conversación. Ambas relaciones están sometidas a los mismos deberes: hablar, escuchar, mantener viva la comunicación, interesarse o divertirse mutuamente; esforzarse en que no haya pausas interminables, evitar malentendidos, las susceptibilidades y, sobre todo, proporcionar esos pequeños premios que hacen que la otra persona desee seguir conversando.

LUIS ROJAS MARCOS

La felicidad para la mayoría de personas se encuentra sobretodo en el amor. Las relaciones, no obstante, necesitan ser afinadas continuamente para adaptarse a los cambios de talante de cada uno y resolver los conflictos que vayan surgiendo.
El optimismo en una relación asegura más felicidad y duración en el tiempo. Por ejemplo, si uno llega enfadado a casa del trabajo y la explicación del otro es: “Algo le ha debido de ocurrir en la oficina para que esté de mal humor”, es optimista frente a “su enfado es una prueba más de su mal carácter, nunca cambiará”.

 

Niebla

Niebla

[Inspiraciones: Machado, “Nada te turbe”, Paulo Coelho]

Paseo sólo, sin rumbo, sin ver dónde me llevan mis pasos porqué una densa niebla lo envuelve todo. Camino sin saber lo que busco. Me dice el poeta que “hago camino al andar”, que “todo pasa y todo queda, pero que lo mío es pasar, pasar haciendo caminos”... Y la canción, que “cuando vas de noche para encontrar la fuente, sólo la sed te alumbra”. Sólo niebla, no hay ni fuente ni luz, ignoro si es de dia o si la noche me ha cubierto con su manto protector.
 

Me canso de dar círculos volviendo al mismo punto. Hay momentos que se repiten. He perdido el tiempo? Me veo ante los mismos problemas y situaciones que ya he afrontado. No progreso? No avanzo? Aprendí algo de los sufrimientos pasados?
-Ya pasé por esto! -se queja mi corazón.
-Realmente tú ya lo pasaste –responde-, pero no lo superaste.


Entonces llegué a un punto con cierta visibilidad. Las brumas se disiparon y al fondo de un bosque brillaba una luz a lo lejos, una cabaña.
Entonces comprendí que las experiencias repetidas tienen una única finalidad: enseñar lo que no quiero aprender.

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Individualizando

Individualizando De entre toda la masa humana despersonalizada surge ELLA, sin más. De entre todas las mujeres me mira sólo una y a una sola devuelvo la mirada.
- Hola - le digo.
Transcurren interminables segundos hasta que me atrevo a mascar unas cuantas palabras más. Las mínimas. Las palabras sólo eluden las intenciones del corazón en ese momento.
- Sólo quería conservar tu mirada en la mía... no dejarla escapar...
- Bonita forma de retenerme... pero, ¿qué quieres?
- ... No lo se... Sólo se que de toda esta gente que hay aquí, en el momento que te he mirado has dejado de ser una persona cualquiera para ser ALGUIEN.

Perdido en un bosque de Áustria

Perdido en un bosque de Áustria [Picture from United Colors of BEAtton.. jeje]

Las últimas luces de un despejado día otoñal teñían el majestuoso río Danubio. Este acaudalado río no tiene un vals en su nombre por casualidad. El fluir de sus aguas era contínuo y lento, discurría con el ritmo de lo que se sabe importante y hay que respetar, danzaba y giraba envolviendo como el brazo firme de un bailarín en la cintura de su pareja. Dos traviesas golondrinas volaban rozando el agua cazando algún que otro mosquito despistado. Elegante, una estirada canoa removía suavemente el agua y a su paso la hacía murmurar. Una chica, con un remo, la impulsaba acompasadamente. En la orilla le observaba, atento, un chico.

Era joven. Morena. Una larga cabellera cubría su espalda pero su pelo rizado no impedía ver su rostro. La precisión de sus movimientos y su suavidad daban sensación de continuidad. Le miró un instante pero siguió immutable, como el río, deslizándose. A ella le pareció ver al chico pero no le dió más importancia. Le encantaba salir con su canoa desde su casa río abajo hasta el siguiente embarcadero. A ambos lados del río le gustaba observar los árboles en otoño y sentir en su rostro la brisa que subía río arriba y refrescaba el ambiente.

Al pasar veía los árboles oscilar levemente, o eso es lo que le parecía. Cerca de la orilla, los más delgados y desgarbados se inclinaban al verla pasar, hasta besar las aguas, o parecían agitar sus ramas como si la saludaran produciendo un sonido suave como si una mano invisible acariciara sus hojas, apartando las ramas para verla pasar. No se daba cuenta pero a su paso todo se detenía, pero ella sólo miraba adelante.

Otros árboles, en segunda línia, permanecían plantados con sólidas raíces, impertérritos, siempre con la misma cantidad de hojas.

El chico subió por el bosque. Pisaba una alfombra de hojas, a cada paso las hacía crujir y ellas respondían con un agradable ruido. Él no podía distinguir los árboles en su conjunto pero sí apreciar sus colores. Del verde perenne hasta el amarillo más claro o el marrón pálido de las hojas muertas pasando por las gradaciones amarillas, rojizas. Todos menos el blanco, que, como dice Beatriz(la autora del cuadro), es la suma de los colores primarios. Quiso ganar altura pero como no vió ningún árbol alto para trepar tubo que subir por la empinada colina, un bajante brusco de difícil paso. Enredaderas, barzas y bajos matorrales dificultaban su paseo. Más adelante dió con la compañía de árboles de tronco delgado y liso o grueso y rugoso.

Llegó a un camino ancho que parecía adecuarse a su objetivo: ver serpentear al río hasta perderse en un suave meandro. Poco a poco fue ganando vista. La densidad de árboles de la ribera iba quedando a un lado y hasta que llegó al punto... al punto en que se encontró con la chica de la canoa. Se le había adelantado y estaba plantada con su caballete, pintando. Al verle todo cansado, sonrió. Había un camino más directo, le comentó. El chico entre incómodo y curioso observó el cuadro con detalle (es el que estáis viendo arriba a la derecha).
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