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UNIENDO CASUALIDADES

Puzzle fotográfico (3/4)

Puzzle fotográfico (3/4)

Durante mucho tiempo me he acostado temprano. A veces, apenas apagaba la vela mis ojos se cerraban tan deprisa que no tenía tiempo de
decirme: "Me duermo". Y media hora después, la idea de que era hora de buscar el sueño me despertaba.
¿Sufría insomnio? No, sino sueño en etapas. Todos necesitamos descansar, es algo inherente a nuestra condición humana. Sin embargo hay tantas modalidades de sueños como personas. Los hay que duermen como bebés, a pata suelta, de un tirón. Luego están los que tienen un sueño seguido pero débil, se despiertan al menor ruido. Otros se desvelan con frecuencia, tienen fases de sonambulismo, hablan en sueños, tienen pesadillas o se mueven hasta caer de la cama.
Mi caso es muy especial. Al atardecer, poco después de cenar, siempre a la misma hora, despido al servicio y me dirijo a mis aposentos. La cama está preparada y una vela, encima de la mesita de noche, ilumina la habitación con luz tenue e intermitente.
Es temprano, pero aún así apenas me he tumbado sobre la cama, soplo con fuerza para apagar la vela y los ojos se me cierran dando paso a un breve pero intenso sueño. Media hora, ni más ni menos. Los muchos años que llevo a mis espaldas me han hecho renunciar a seguir en cama entre fase y fase de sueño. Desde cada interrupción hasta que vuelvo a entrar en sueño profundo tengo una hora entera. Y así durante siete horas y media que incluyen cinco periodos de sueño. Esto es, media hora de sueño para cada hora y media transcurrida. Así de implacable se me muestra el transcurso del tiempo. Lo que a algunos les parecerá una anécdota a mi me ha marcado la vida.
Mis recuerdos alcanzan los albores de mi infancia. Ya a esa temprana edad me desvelaba así. Lo único que ha cambiado ha sido la naturaleza de los sueños. Antes pesadillas, ahora sueños más agradables que he aprendido a controlar mejor. A la mañana siguiente soy capaz de recordar cada uno de los cinco sueños. La curiosidad, un afán de coleccionismo o de autoconocimiento me impulsaron a llevar una auditoria de mis sueños. Cada hora libre después de un sueño me dedicaba y me sigo dedicando a escribir. Cinco horas todas las noches que añadidas a las diurnas son una buena suma para un escritor. Así, sin darme cuenta fui llenando hojas y más hojas hasta que un buen día decidí poner en orden lo escrito. Por las noches escribía lo que soñaba y dedicaba los días a rescribir y ordenar los apuntes, a redactarlos para mis libros.

Puzzle fotográfico (2/4)

Puzzle fotográfico (2/4)

Un ciego, antiguo amigo de mi mujer, iba a venir a pasar la noche en casa....
Hacía pocas semanas que nos habíamos casado, aún no conocía a todos sus conocidos. Mi mujer nunca me había hablado de él.
Se conocían de la infancia, del pueblo, aunque desde entonces no se habían visto. Era ciego. Le había llamado la semana anterior, vendría a casa esa misma noche. Sus palabras habían sido "Hola Lidia, soy Arnaldo, ¿te acuerdas?" "Sí, ese mismo, oye, tengo que veros, el próximo sábado por la noche estoy en vuestra ciudad…" "Perfecto, sí por la noche, sábado, nos vemos entonces".
Llamaron. Mi mujer estaba acicalándose y ordenó que le fuera a abrir yo mismo. La casa está rodeada por un jardín. Un largo paseo separa la puerta principal de la verja donde se hallaba el ciego. Me envolví con el abrigo y rápidamente me lancé escaleras abajo y, a oscuras, me abrí paso hasta la verja.
- ¿Es usted? El amigo de mi mujer. Arnaldo, ¿me equivoco?- pregunté, escuchando el eco de mi propia voz tal vez afectada por la incómoda situación del encuentro y entrecortada por la rápida carrera.
-Ese mismo, don Pablo –respondió el ciego con seguridad, entre dos largos silencios al fin del segundo de los cuales ordenó:
-Sonría.
El ciego se había apartado dejando que dos potentes focos, los faros de un coche, iluminaran de lleno a Pablo, circunstancia que aprovechó alguien cercano a don Arnaldo para sacar la fotografía que encabeza éste relato.
En breves instantes, que se le hicieron eternos, Pablo reaccionó y pudo vislumbrar la figura del ciego. Se apoyaba en un bastón blanco, llevaba gafas de pasta oscuras y bigote blanco, era un anciano.
- Perdone, ¿le ha molestado mi coche? –preguntó, falsamente educado, Arnaldo. Debe estar deslumbrado -soltó una carcajada. – Ahora comprenderá cómo me las apaño yo, sólo veo sombras que se pasean entre una gran luz. Lo siento, no pretendía asustarle- mintió.
- Hola Arnaldo –saludó Lidia, la mujer de Pablo. – Como tardabais
tanto he decidido salir a buscaros.
Viendo la complicidad entre ambos, Pablo se sintió herido y permaneció a un lado observando cada detalle, ¡todo era tan sospechoso! Sin embargo ignoraba que en medio de aquella confusión le habían sacado una foto. Ése había sido el objeto de la visita del ciego, tomarle una foto al reciente marido de su amiga Lidia cuyo propósito ya no pertenece a éste capítulo.

Puzzle fotográfico (1/4)

Puzzle fotográfico (1/4)

El tren avanzaba impetuosamente, con ritmo furioso y entrecortado. Tenía que detenerse, cada vez con mayor frecuencia, en estaciones de poca monta donde permanecía unos momentos esperando con impaciencia la señal para volver a embestir la pradera.

Era por un lado el ritmo trepidante, por el otro las continuas aceleraciones y desaceleraciones lo que hacía el viaje cada vez más brusco. Aceleraba cada vez más a fondo, si cabe, pero se detenía más a menudo en desérticas estaciones.
Asimismo era mi vida. Sobretodo los últimos años marcados por una cadena de acontecimientos solapados que me llevaban a Ella. Sin saberlo mi vida me estaba llevando a Ella a un ritmo vertiginoso sin marcha atrás.
El tren, mi vida,… ahora el tren discurría a lo largo de una larga recta. Notaba la energía desbocada de las ruedas sobre las vías, su ruido metálico, el sonido penetrante y agudo de aceleración como el de la olla a presión.
Los vagones perfectamente alineados y un punto fijo. Miraba fijamente al fondo del tren, al centro de todas las líneas de fuga, una perspectiva perfecta. Un punto blanco, lo demás giraba a su alrededor formando una mezcla de colores en movimiento, un caleidoscopio rotatorio ensombrecido o iluminado según atravesábamos un túnel o salíamos de él.
Y al final del viaje Ella. Ese punto de luz se ampliaba, la mezcla de colores paraba de rotar, las espirales dejaban de retorcerse y tomaban la forma de un camino flanqueado por poca o nula vegetación, una gran pradera que estaba presidida en primer término por la entrada a la finca y por Ella. Veía su rostro como un punto de luz que no me abandonaba, su rostro se paseaba por todo el paisaje.

Cama vacía

Cama vacía

Me dijo que cualquier día de esos no estaría. Hasta entonces yo acudía diariamente al hospital a verla. Un presentimiento especial me previno y, efectivamente, hallé la cama vacía. La imagen era sobrecogedora. La cama, revuelta, aún tenía las sábanas calientes y la almohada ligeramente húmeda. No pisé la alfombra, como muestra de respeto del último sitio que pisaron sus pies en ésta tierra...

Adelante

Adelante

[Letra de Naiara]

Justo en el momento en que empezaba
a encontrar oscuridad hasta en el sol de mi ciudad.
Justo en el momento en que la resignación
consumía cada día mi ilusión.

Justo en el momento en que empezaba
a sospechar que la ilusión me abandonó sin avisar.
Justo en el instante en que empezaba
a olvidar, a atreverme, a imaginar, a inventar.

Apareces tú y me das la mano
y sin mirarme te acercas a mi lado.
Y despacito me dices susurrando que escuche tu voz.

Adelante por los sueños que aún nos quedan
adelante por aquellos que están por venir.
Adelante porque no importa la meta
el destino es la promesa de seguir...
Adelante.

La naturaleza femenina

La naturaleza femenina

[De un correo que corre por la red]

Dicen que Dios cuando creó la mujer había agotado algunos materiales en
el hombre y no tenia más de que disponer.

Tomó la redondez de la luna,
las suaves curvas de las olas,
la tierna adhesión de la enredadera,
el trémulo movimiento de las hojas,
la esbeltez de la palmera,
el tinte delicado de las flores,
la amorosa mirada del ciervo,
la alegría del rayo del sol,
y las gotas del llanto de las nubes,
la inconstancia del viento,
la timidez de la tórtola,
y la vanidad del pavo real,
la suavidad de la pluma del cisne,
y la dureza del diamante,
la dulzura de la paloma,
y la crueldad del tigre,
el ardor del fuego,
y la frialdad de la nieve.

Palabras

Palabras

Son el Vacío y Todo.
La Materia, la Energía, la Magia que todo lo puede, la Fe y Esperanza que todo lo soportan.

Me tocan, me pinchan, se me clavan, me resbalan…
las intuyo, las noto, me mecen, acompañan, empujan...

Son categóricas o superfluas, rotundas o suaves, superfluas o necesarias, rimbombantes o sosas, espontáneas o
calculadas, densas o leves, auténticas o falsas, improvisadas o trabajadas…

Las palabras son, a veces, escurridizas, traidoras, otras, envolventes, cariñosas y protectoras. En ocasiones caen por el peso de la realidad, prescindimos de ellas y son sustituidas por imágenes u otros elementos.
Por el contrario, acompañan, refuerzan y dan sentido y color a situaciones que lo merecen, dan cuenta de nuestros pareceres, opiniones, sensaciones, razones…
Son un estorbo o, en un momento dado, arma arrojadiza, herramientas insustituibles, poderosas aliadas.

Pueblan los horizontes más lejanos, los recodos más recónditos de nuestra alma, los sueños más extraños.
Cuantas veces nos hemos encontrado con ellas cuando lo hemos necesitado, cuántas han definido y puesto en su sitio problemas, ideas, sentimientos, actos que sin ellas se hallaban perdidos, desubicados, en pérdida…

Son un juego, un complejo e infinito laberinto intrincado, un entramado compacto, un tapiz grueso que ora nos cobija y esconde, ora nos delata y nos arroja al mundo sin amparo…

Sin embargo creo que son una imperiosa Necesidad... Primero fue el Verbo. Nuestra naturaleza humana balbuceó sin sentido hasta dar forma y fabricar la primera palabra. Y es que, por encima de todo hay la necesidad de expresar lo más grande, de repartir lo único que crece al ser compartido: el Amor…

Sin la 'e'

Sin la 'e'

Una llamada nocturna. Una consigna clara: transportar a un individuo al Sanatorio.
Dio con la casa buscada combinando su intuición con las notas: c/Almada núm. 66.
Abandonó su automóvil. Una ráfaga huracanada soplaba con brío. Miraba hacia la casa. Un alto campanario proporcionaba vistas al individuo a sanar. Cobijado bajo un abrigo no pasaba frío.
La casa. Su configuración consistía: construcción horizontal y planta única. Contaba con: un claustro con patio y dos altos campanarios.
Tuvo paso fácil a la casa. Analizaba y tomaba nota. Llovía un chaparrón, brutal inicio sin aviso. Caminaba por un pasillo porticado, dibujando un camino circular sin ángulos bruscos. Buscaba una salida. Sólo había una posibilidad: la cocina.
Había ocurrido una matanza brutal. Había líquido rojo por todos lados y su olor turbaba. Sus zapatos patinaban, no podían aguantarlo, con dificultad salió al pasillo. Avanzo como pudo y al salir aún vio un armario con órganos humanos. Buscando otra salida distinta al patio, halló una gran sala. Mobiliario sobrio y antiguo. Hogar aún activo, la única luz. Había una alfombra oscura. A ambos lados un balancín y un sofá forrados, color morado y oscuro. Igual pasaba con todos los muros. Raros cuadros con caras moribundas. Plasmaban horror, la cara más próxima al dolor. Asustado y con pocos ánimos salió a dar otro vistazo al patio. Aún llovía, y aún más cantidad.

Prrff, fluushpff!! Pum, clock, shrttt,… Una magia oscura había clausurado todas las salidas. ¿Y ahora? Probó mil y una artimañas. Fracasó. Ora arriba, ora abajo, a un lado y a otro, no había salida. Atrapado. Oía la lluvia contra la pizarra. Cansado como nunca no podía sino dormir. Soñaba. Funcionaba sin parar su imaginación.
Plush! Shraaamp! Un individuo anciano y curvado poco a poco lo atraía hacia si. No podía huir. Corrió. Inútil. No sirvió. Cayó, sin ánimo. Sólo vio como la figura curvada iba a la cocina y salía con disposición a otro malvado trabajo. Sin opción.

Por fortuna ya no soñó nada más. Por fin. Al abrir los ojos, vivió otra cosa, sin duda, algo más natural y afortunado.

De Cafarnaún a Jerusalén (IV)

Es de la gente que he aprendido la ternura y el amor intenso, gratuito… No es un invento ni un deseo inalcanzable.
Hay quien dedica su vida, día a día, al cuidado de los hijos, mayores, desvalidos… Con alegría y sufrimiento van ofreciendo lo que nunca le podrán devolver. ¿Se puede medir la cantidad de amor que hay en una actitud semejante? Mi madre era así, pero no encontrarás una razón. Hay más ejemplos. He visto gente perdonando a otra gente. He conocido gente que ha escondido a un fugitivo o cuidado un vecino viejo, enfermo, cabezón y cascarrabias. Amar es el patrimonio de la humanidad. ¿De donde viene una capacidad tan universal, indestructible, permanente? El Dios de nuestros padres les daba miedo, las Escrituras son difíciles de leer, sí. Pero pese a que ese Dios que no miraba a las mujeres es objeto de su amor y, por el otro lado, las Escrituras se vuelven transparentes des de la perspectiva de la gente que sabe amar sin medida. Entonces se convierte en la historia de los amigos del Dios de la justicia, el pequeño, el pobre contra el poder y el grande. La vida y la muerte, es la historia de nuestro pueblo. Cuando descubrí el lazo entre el Dios de la Vida y la vida del hombre me fue fácil dar alas a la voz de mi interior que, antes de todo discurso de la razón, ya me había dicho que era así. Que podía ser así. Que debía ser así.

De Cafarnaún a Jerusalén (III)

El joven preguntó:
- ¿La muerte de mi padre puede ser una experiencia de Dios? ¿Estáis seguro de esto?
- No puede salir nada bueno de ninguna muerte, no nos sirve como punto de partida. Conduce directamente al absurdo. Nos interesa el contrario de la muerte: vida, felicidad, sentido. En una palabra, amor.
Te hablaré de un amor que no ha venido a ser servido sino a servir. No todos los amores son amor, sabes?
Éste en concreto lo descubrí entre la gente de Nazaret. Primero en mi casa. Después entre los hombres y mujeres de aquí y allí. Para ellos era lo más normal del mundo y no le daban más importancia.
De hecho, cualquier ser humano ha sido capaz, al menos una vez en la vida, de amar con un amor gratuito.
Hay una razón. La ternura es la pasta de la que todos estamos hechos. Todos. Pase lo que pase quedará una chispa de ternura, estoy convencido de ello. Amar es el movimiento natural de la humanidad, esto no significa que sea lo más habitual.
Mira, la vida me ha enseñado una cosa. Cuanto más humano más frágil. Cuanto más real, menos evidente.
Esto explica que los humanos nos perdamos en nuestras cosas y que Dios, realidad de la realidad, sea lo más oculto, lo menos necesario e inasequible a la inmediatez de la comprensión humana.
Hay un hecho que siempre me ha parecido incomprensible: que el hombre pueda prescindir con tanta facilidad de eso que lo hace humano. No es extraño pues, que la experiencia de Dios sea tan gratuita.. tan rompediza.. ¿Entiendes lo que te quiero decir?

De Cafarnaún a Jerusalén (II)

Hay un punto de contacto entre Dios y los hombres, entre Dios y el yo. No hace falta salir de lo que hacemos o esconderse. ¡Lo he intentado explicar tantas veces!
"-Estad atentos a lo que sucede a vuestro alrededor, a los momentos cotidianos e imperceptibles por donde fluye un río de vida".
Aquí está nuestro Dios, escondido, enterrado, sembrado. Es aquí donde hay que buscarlo. Sí, escondido: a Dios nadie le ha visto nunca. Pero está. Activo. Dinámico.
Hay un punto de contacto anterior al yo… pero parece que se ha roto el hilo entre Dios y los hombres.
Uno de sus síntomas es el aburrimiento que nos hace ver todo gris, inconsistente, igual. Sin embargo al otro lado está la pasión por vivir!
El secreto, para mi, es saber hacer del dolor una oportunidad para saborear la vida.
No cualquier dolor sino aquel que está escrito bajo el cartel que lleva nuestro nombre: el de la soledad. El hambre de libertad. La responsabilidad de hacer éste mundo la casa de todos. El otro… sí, el otro… siempre cercano y siempre tan infinitamente distante… buscado… desconocido.
Todo esto junto con el mal, el amor y la muerte me remite al origen, a las raíces, me ha abierto al Dios de la Vida.
Primero como un enigma.
Luego como una intuición silenciosa.
Más tarde como un deseo.
Mucho más tarde, como el encuentro con Alguien a quien he tenido que poner un Nombre.

De Cafarnaún a Jerusalén (I)

[Extracto de De Cafarnaüm a Jerusalem de Teodor Suau]
[Monólogo de Jesús a un seguidor suyo en la ficción que podrías ser tu ahora, mientras lees]

Te entiendo amigo...
El Dios de cuando eras joven no te vale, lo abandonaste pronto.
Y ahora no lo ves por ninguna parte. Al no verlo crees que no está.
Más vale ir solo que mal acompañado.
No lo encuentras porque tu no buscas a Dios.
Buscas el Superhombre tu. Uno más fuerte que tu y que todos.
Que explique lo que aún no se ha explicado, lo que no nos es evidente, que haga lo que no podemos hacer. Buscas un responsable de lo que pasa y no comprendes.
¿Quizá se explica mejor la muerte de tu padre con Dios o sin él?
No es eso Dios. Eso es el Ídolo
No busques Dios en lo que ha sido fijado, en las palabras que limitan la libertad. No digas Dios de la imagen corregida y aumentada por la necesidad de sentirte seguro.
Busca el Dios Vivo donde corresponde. Te propongo una cosa.
Allí donde normalmente pones la palabra “Dios”, ahora pon “Amor sin límites”. “Amor intenso, apasionado, tierno, gratuito”.
Y después ven. Me cuentas como te ha ido. Entonces quizá empieces a entender.

La cruz

La cruz



Una mà oberta i estesa, un tacte tendre Una mano abierta y extendida, un tacto tierno
una mirada intensa, una crida lliure una mirada intensa, una llamada libre

El teu cos ressucitat Tu cuerpo resucitado
dins un cor renovat dentro un corazón renovado

Pas ferm, caminar decidit Paso firme, caminar decidido
ampli somriure, generós i gratuït amplia sonrisa, generosa y gratuita

El teu cos ressucitat Tu cuerpo resucitado
dins un cor renovat dentro un corazón renovado

És el teu cor que palpita en l'interior Es tu corazón que palpita en el interior
l'Esperit motor que fabrica el meu amor el Espíritu motor que fabrica mi amor

El teu cos ressucitat Tu cuerpo resucitado
dins un cor renovat dentro un corazón renovado

"Un cor fort per lluitar "Un corazón fuerte para luchar
Un cor gran per estimar" un corazón grande para amar"



Dicen que la Semana Santa es el encuentro personal con Jesús que con su muerte nos salva y nos da su amor(el más grande). Fíjate en ese amor, ésta poesía simboliza diferentes expresiones que Jesús tiene, en mi imaginación, para darnos amor, verso a verso se construye el cuerpo resucitado.

Domingo Santo

Domingo Santo

Miriam me llamó para hablar.
- ¡Oh Lodbrog! Lo he oído.
Estábamos solos y la tenía cerca mío, buscando la protección y la fuerza de mis brazos.
- Pilatos ha fallado. Lo crucificaran. Pero aun hay tiempo. Ves con tus soldados que sólo le vigilan el centurión y un puñado de hombres. Síguelos. Coge un caballo más para el.
Acabó con rodear mi cuello con sus brazos, con la cara tentadoramente a tocar de la mía, con aquellos ojos solemnes y llenos de promesas. Estuve mudo. Ya os lo había advertido: era la su feminidad, la mujer que llevaba dentro. Había olvidado la eterna lección: una mujer siempre es una mujer. En los momentos graves y decisivos las mujeres no razonan sino que sienten, su último santuario es su corazón y no el cerebro.
- Trae un caballo más, yo lo conduciré, iré contigo dondequiera que quieras ir.
Eso era un soborno, un acto mezquino. No dije nada. Era la tristeza de saber que abrazaba a quién nunca volvería a rodear con mis brazos.
- Sólo tú lo puedes salvar. Habla Lodbrog! Eres fuerte, un hombre de pies a cabeza, di sólo una palabra y se salvará y yo siempre te querré.
- Soy romano.
- ¡Un esclavo de Tiberio eres tu! pero los del norte como tu no sois romanos.
- Como el pan de Roma... y todo por un simple hombre...
- ¿ No lo entiendes? es mucho más que esto! Dios vivo, no sólo un mortal.
- Somos un hombre y una mujer. Nuestra vida pertenece a este mundo. Los otros mundos son locuras, dejemos soñar a los locos. Dejémosles, aquí estamos tu y yo… y en esta dulzura que nos hemos descubiertos seguiremos.
- ¡Toda la grandeza, bondad, gracia de Dios está en Él y tendrá una muerte vergonzosa! es Dios, es inmortal!
- ¡Entonces, si es inmortal la muerte al Gólgota no acortará su inmortalidad ni en el grosor de un pelo! - ¡Oh! Tienes la cabeza sellada, rubio del norte.
- ¿No dicen que estos sucesos se profetizaron hace ya mucho tiempo?
- Sí, sí... las profecías mesiánicas. Él es el Mesías.
- Pues quién soy yo para hacer mentirosos a los profetas.
Se escurrió de mi hasta que mis brazos estuvieron vacíos de ella.
- No me quieres – dijo.
- Te quiero más de lo que podrías sospechar y estoy orgulloso de este amor porqué para mi es muy valioso. Roma es mi madre adoptiva. De poco valdría el cariño que te tengo y este orgullo mío si la traiciono.
Se desató dentro de mi un río contenido de deseos. Corrí hacia ella y la abracé. Me habría gustado huir con Ella hacia Siria, lejos de aquella ciudad maldita. Se debatió, me pegó una bofetada a la cara pero no la dejé porqué sus golpes me parecían dulces como el azúcar.
Al fin cedió: fría e inmóvil. Sabia que aquello que agarraba no me quería. Para mi aquella carne adorable que tenia entre brazos era como muerta. Lentamente aflojé y dejé que se fuera.
Se giró, travesó la sala solitaria, y, sin volverse, corrió las cortinas y desapareció.

Sábado Santo

Sábado Santo

Anás libró Jesús a Caifás y éste a Pilatos. Cuando Pilatos se presentó delante de los que le traían a Jesús cayó encantado de su personalidad. Yo estaba y lo sé. Pilatos lo veía por primera vez. Su rabia había crecido pero así que lo vio se mostró solícito. Declinó las propuestas de los que lo traían y les dijo que procediesen según su ley ya que Jesús era judío y no romano. Ellos chillando dijeron que no tenían poder sobre la vida y la muerte. Pilatos llevó Jesús a la sala del tribunal. ¿Qué le sucedió? No podría decirlo. Sólo se que salió otro Pilatos. Si antes se mostraba reticente a matarlo ahora se negaba a hacerlo por respecto al pescador.
La turba no paraba de bramar: -Crucifícalo, crucifícalo!!
Miró de calmar la chusma burlándose de Jesús como un pobre loco inofensivo, después ofreciéndolo en libertad como prisionero para la Pascua. Ordenó flagelarlo con la esperanza de divertir a la gente y apagar su manía. En la tortura vi el poder de Jesús, su encanto terrible. Pese la cruel farsa y el escarnio despiadado, el era rey. Estaba tranquilo observándolo, su paz se me contagiaba. Me encontraba satisfecho, sin sombra de desconcierto.
La lucha de Pilatos continuaba. La exigencia de sangre no se apaciguaba. Probó de negar su jurisdicción: Jesús no era de Jerusalén. Todo el mundo se abalanzó sobre las tropas de los auxiliares, se proclamaba la traición de Pilatos. Pilatos dudaba. Su mirada atemorizada me resbaló por encima pero no fue esto lo que me decidió. Jesús decidió para los dos. Me miró. Me condenó.
Ya sabéis el resto. De la sangre de Jesús, Pilatos se lavó las manos. Ni Tiberio, ni Pilatos, ni los soldados romanos: Lo crucificaron los sacerdotes y políticos de Jerusalén, lo sé. Pilatos le habría salvado, como yo mismo, salvo que Jesús consintió.

Viernes Santo

Viernes Santo

La mañana siguiente volví a ver Miriam al patio de Palacio. Parecía dormida. No se fijó en mi, le costó reconocerme. Tan lejos estaba su mirada que me recordó aquel leproso de Samaria. Llevaba un mensaje ilegible en los ojos.
- Le he visto, Lodbrog! –musitó.
- Quieran los dioses que no le hayas afectado tanto como el a ti. Quién es El? Quizá alguien que ha vuelto a la vida para ponerte a los ojos esa luz?
- Ha vuelto otros a la Vida –contestó. Creo que Jesús ha vencido a la muerte. Es el príncipe de la luz, el hijo de Dios. Le he visto, te lo juro que creo en el.
Esa Miriam no era la que había tratado de plaga Jesús.
- Te ha hechizado – dije.
Los ojos se le humedecieron y se hacían hondos.
- Oh Lodbrog! es hechizador, más allá de lo que te pueda describir. Si le miras contemplarás toda la bondad y compasión del mundo. Le he visto, le he oído. Lo he dado todo a los pobres y le sigo.
Estaba con Pilatos cuando entró su mujer diciendo:
- El divino está con el, tiene un conocimiento personal de la naturaleza de Dios, los Dioses están hechos de su substancia.
Un hechizador de mujeres, pensé. Pero me equivocaba, también lo era de hombres. Hechizó a Pilatos y a mi.

Lunes Santo

Lunes Santo

[Serie de relatos extraídos de Un rodamón a les estrelles de Jack London]

Me llamo Ragnar Lodbrog. Soy un hombre muy alto. Los romanos de mi legión me llegaban, como mucho, a los hombros. Pero fue más tarde, después de mi viaje de Alejandría a Jerusalén, que fui jefe de legión. No soy romano, vengo del Norte, pero ellos me capturaron. Me hicieron esclavo a galeras y como tal entré a Roma. Más adelante me liberaron y ya ciudadano y soldado, fui a Jerusalén. Cuando travesé la puerta de Jaffa atraía todos los ojos caían hacia mi. Todos eran hombrecitos pequeños, de osamenta estrecha y no habían visto nunca un hombre tan alto y rubio como yo.
Casi todas las tropas de Pilatos eran auxiliares salvo un puñado de romanos destacados en el palacio. Son buenos soldados pero nada a que ver con los romanos que son verdaderamente regulares y de fiar.
Había una mujer de la corte de Antipas, amiga de la mujer de Pilatos, que me presentaron la noche de mi llegada. Si sólo fuera difícil describir el encanto de las mujeres, os describiría Miriam. ¿Pero cómo es posible expresar en palabras la emoción? Es una percepción que nace como sensación y se convierte en una emoción más racional, una inefable sensación muy elevada. En general la mujer es hechizadora para un hombre. Cuando deviene particular, nombramos esta sensación: Amor. Miriam tiene para mi esta atracción particular. Era una mujer admirable. Su cuerpo de perla ultrapasaba la mediana de la mujer judía en altura y fineza. Pertenecía a la aristocracia de nacimiento, pero por naturaleza era mucho más noble todavía aún. Todo lo que hacía y la forma como lo hacía era tocado por la elegancia y la majestuosidad. Era inteligente, tenia agudeza de espíritu y, sobretodo, era muy femenina. Como veréis al final, su feminidad fue determinante para los dos. Morena, con piel de color de oliva, cara ovalada, los pelos eran de negro azulado, como los ojos: dos pozos gemelos de negrura dulce. Nunca se habían ajuntado dos tipos más perfectos para el rubio y el moreno.
Vibrábamos juntos en seguida. No hubo ni lucha interior, ni espera ni resistencia. Fue mía en el mismo momento que la mirada la acarició. Y a la primera muestra Ella supo que le pertenecía. Me acerqué, ella medio se incorporó en el diván, como si algo la arrastrase a recibirme. Y nos mirábamos intensamente hasta que la mujer de Pilatos lanzó una risotada nerviosa. Pilatos dirigía a Miriam una mirada muy significativa, como queriendo decir:
- ¿No es justo lo que te había prometido?

Martes Santo

Martes Santo

Pilatos había oído decir cosas de mi, yo también lo conocía como el procurador del volcán semita de Jerusalén. Hablamos bastante de la situación local. Pilatos parecía aislado y deseoso de compartir sus ansiedades y pedir consejo.
Aquella noche tenía quebraderos de cabeza. Los judíos lo sacaban de quicio. Eran demasiado volcánicos y por si esto no fuera suficiente, eran sutiles. Los romanos tenían una manera directa y franca de encarar las situaciones. Los judíos no se acercaban directamente, excepto reculando cuando convenía. Si se los dejaba a la suya, actuaban haciendo muchos recodos. La irritabilidad de Pilatos era debida a que querían convertirlo en la bestia negra en materia de disensiones religiosas.
Roma no intervenía en los asuntos religiosos de los pueblos conquistados, pero los judíos todo lo mistificaban y daban sentido político a hechos estrictamente religiosos.
- Lodbrog- me dijo, no se puede decir nunca cuál de los pequeños nubarrones de verano desencadenará la tempestad. Mi misión es mantener la paz y el orden. Ojalá gobernara otro pueblo y no esta colmena que no esta en paz con Dios. Ahora mismo, en el norte, hay un hombre, un pescador, que se ha hecho predicador y milagrero: quien sabe si pronto no tendrá todo el país detrás.
Según los informes que he recibido Jesús no es político. Confío que Caifás y Anás no nos lo convertirán en una espina política para hundirme. Son peligrosos, el verdadero sumo sacerdote es Anás, Caifás es su sombra.
Me satisfizo, un poco más tarde, poder hablar en paz con Miriam. Era inmensamente rica, por lo cual no la habían forzada a matrimonio. Tenía una fuerte voluntad y era difícil de torcer en materia de maridos.

Jueves Santo

Jueves Santo

Los informes de Pilatos hablaban de Jesús como un hombre que quería instaurar un nuevo reino: El Reino de Dios pero no aquí sino en el cielo. Mantiene la postura de pagar impuestos a Roma como respondió preguntado por los fariseos sobre la cuestión: "Al César lo que sea del César y a Dios lo que sea de Dios." Ciertos seguidores lo consideran Dios mismo.
- Quiere el trono de los judíos, Roma habría de tomar medidas - aseveró Miriam.
- ¿Contra quién? ¿El rey de los mendigos? No quiere poder en este mundo, por lo tanto tampoco el de la jurisdicción romana- dijo Pilatos encogiendo los hombros.
- Sí, pero ya está en Jerusalén, Anás se frota las manos y tiene a punto millares de peregrinos. Te ha dejado la faena y tendrás que cumplir.
- De qué me hablas?
- De la ejecución de este pescador.
- ¡No, no! ¡Seria un error vergonzoso! No ha hecho daño a Roma.
La conversación se acabó. Durante la noche, el ambiente se calentó aún más. A mediodía salí a caballo. La chusma había taponado las calles y no cedían el paso. Me escupían sin miedo, fácilmente me habrían podido matar y chillaban sin cesar. Vi Miriam. No es fácil esconder a mis ojos aquella fineza, ese andar airoso.
- Ya han cogido el pescador? – pedí.
- No aún. Ha subido a Jerusalén montado sobre un burro y algunos mezquines lo han saludado como rey de Israel. Es hombre muerto, su sentencia está firmada.
- Pero Pilatos no lo arrestará.
- Ya lo hará Anás, lo llevaran al Sanedrín y lo condenaran a muerte.
- Pero el Sanedrín no puede ejecutar un hombre.
- Pero Jesús es judío, no romano. Según nuestra ley es rehén de muerte, ha blasfemado contra la ley de Moisés.
- Pero el Sanedrín no tiene jurisdicción para matar.
- Anás forzará Pilatos a crucificarlo.
- Eres dura con un hombre inofensivo – sentencié.

Miércoles Santo

Miércoles Santo

Tiberio me encomendó una misión lejos de Miriam. Indumea, después Siria y finalmente Galilea donde seguí las trazas de Jesús. Tuve la oportunidad de comprobar que tipo de gente tan extraña eran los judíos, tan locamente interesados en Dios. Jesús era carpintero, y después pescador, igualmente que sus compañeros que lo habían seguido en una vida de vagabundo. Unos lo tenían por profeta, otros como loco. Según el sólo los pobres ganarían el cielo, mientras ricos y poderosos quemarían para siempre en un lago de fuego y azufre. Para mi todos eran locos. Hacían exorcismos para echar demonios, curaban imponiendo las manos, se retiraban al desierto para hacer largas ayunas y volver con una nueva doctrina...
En volver a Jerusalén la exaltación de los judíos crecía. Alguien proclamaba el fin del mundo, otros la destrucción del Templo, el fin de la dominación romana y la llegada de un reino judío.
Pilatos estaba más ansioso que nunca:
- Con estos soldados que tengo... si tuviese romanos de verdad haría callar Jerusalén agarrándola por el gaznate.
Me instalé a Palacio donde, con alegría mía, encontré Miriam. Se acercaba la fiesta de Pascua y miles de peregrinos llovían por doquier: gente excitable, sino no se habrían tomado la molestia de peregrinar.
La ciudad era llena a más no poder, algunos acampaban a la periferia. Según Pilatos una decena parte se debían a Jesús el Nazareno. Anás y Caifás sabían lo que llevaban entre manos. Miriam dijo:
- Este pescador quizá está loco. Pero si lo está, hay que decir que la tiene muy ingeniosa la locura. Predica la doctrina de los pobres. Amenaza la Ley y también nuestra posición, ya lo sabes tu bien. Hay que aniquilarlo o nos destrozará.
Respondió la mujer de Pilatos:
- ¿No es extraño, viniendo de un simple pescador, tanto poder? Me gustaría ver este hombre tan remarcable.
Y Pilatos:
- Es un visionario, no un político. Hasta recomienda pagar los impuestos a Roma.
Persistió Miriam:
- Es que no lo veis? No es El sino los efectos que provoca los que lo convierten en un revolucionario. Sea como sea es una plaga que hay que erradicar.
- Por lo que he oído - dije yo- no tiene mal corazón. Lo vi curar diez leprosos en Samaria hacia a Jericó. Con estos ojos. Seguí los leprosos para estar seguro y la lepra había desaparecido. Había uno que, sentado al sol, se palpaba el cuerpo y miraba y remiraba su piel suave y no creía lo que veía. No podía hablar ni mirar nada salvo su carne y no me vio ni siquiera llegar. Estaba pasmado.
La mujer de Pilatos estaba azorada y maravillada con el relato.