
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2005. Resumen
Puzzle fotográfico (3/4) Durante mucho tiempo me he acostado temprano. A veces, apenas apagaba la vela mis ojos se cerraban tan deprisa que no tenía tiempo dedecirme: "Me duermo". Y media hora después, la idea de que era hora de buscar el sueño me despertaba. ¿Sufría insomnio? No, sino sueño en etapas. Todos necesitamos descansar, es algo inherente a nuestra condición humana. Sin embargo hay tantas modalidades de sueños como personas. Los hay que duermen como bebés, a pata suelta, de un tirón. Luego están los que tienen un sueño seguido pero débil, se despiertan al menor ruido. Otros se desvelan con frecuencia, tienen fases de sonambulismo, hablan en sueños, tienen pesadillas o se mueven hasta caer de la cama. Mi caso es muy especial. Al atardecer, poco después de cenar, siempre a la misma hora, despido al servicio y me dirijo a mis aposentos. La cama está preparada y una vela, encima de la mesita de noche, ilumina la habitación con luz tenue e intermitente. Es temprano, pero aún así apenas me he tumbado sobre la cama, soplo con fuerza para apagar la vela y los ojos se me cierran dando paso a un breve pero intenso sueño. Media hora, ni más ni menos. Los muchos años que llevo a mis espaldas me han hecho renunciar a seguir en cama entre fase y fase de sueño. Desde cada interrupción hasta que vuelvo a entrar en sueño profundo tengo una hora entera. Y así durante siete horas y media que incluyen cinco periodos de sueño. Esto es, media hora de sueño para cada hora y media transcurrida. Así de implacable se me muestra el transcurso del tiempo. Lo que a algunos les parecerá una anécdota a mi me ha marcado la vida. Mis recuerdos alcanzan los albores de mi infancia. Ya a esa temprana edad me desvelaba así. Lo único que ha cambiado ha sido la naturaleza de los sueños. Antes pesadillas, ahora sueños más agradables que he aprendido a controlar mejor. A la mañana siguiente soy capaz de recordar cada uno de los cinco sueños. La curiosidad, un afán de coleccionismo o de autoconocimiento me impulsaron a llevar una auditoria de mis sueños. Cada hora libre después de un sueño me dedicaba y me sigo dedicando a escribir. Cinco horas todas las noches que añadidas a las diurnas son una buena suma para un escritor. Así, sin darme cuenta fui llenando hojas y más hojas hasta que un buen día decidí poner en orden lo escrito. Por las noches escribía lo que soñaba y dedicaba los días a rescribir y ordenar los apuntes, a redactarlos para mis libros. Puzzle fotográfico (4/4) Todo empezó con un número de teléfono equivocado, el teléfono sonando tres veces en la quietud de la noche.- Don Pablo, ya sabes quién soy. Tengo una foto tuya dentro de la finca, pronto sabrás lo que eso significa –sugirió Arnaldo, con tono amenazante. Colgó. Al otro lado del hilo telefónico no estaba Pablo sino su hermano. Arnaldo se había equivocado al llamar al piso de soltero de Pablo, ahora ocupado por su hermano menor, Juan, cuya voz se le antojó idéntica y eso que los ciegos, como es sabido, tienen el oído más fino que los demás. ¿A qué finca se refería? ¿A la que ocupaban Lidia y Pablo? Lo que él no sabia es que un siglo y medio antes, el tatarabuelo de Lidia, escritor, habitaba aquella casa. El rasgo característico de ese individuo y la razón principal de su descomunal obra radicaba en sus pocas horas de sueño y en sus seis o siete horas diarias dedicadas a la extraña labor de narrar los sueños que tenía. La noche en que don Arnaldo visitó a la pareja hacía exactamente ciento cincuenta años de la muerte del antepasado de Lidia. Don Arnaldo se había hecho con una extraña historia. Conocía el rumor o leyenda que contaba que cada año, como conmemoración de su muerte, el antiguo morador de la finca, el escritor, tomaba el cuerpo del varón de la finca aunque sólo por esa noche, por espacio de unas horas. Para dar fe de esos rumores, don Arnaldo se hizo con la confianza de un equipo de fotógrafos sensacionalistas y así fue como asaltó al escritor, en el cuerpo de Pablo, esa noche. Pobre Pablo, nunca olvidaría esa noche. Desconocía esa leyenda pero le tocó vivirla en sus carnes. Esa noche, después de ser alumbrado por los faros del coche dejó de ser él mismo. El viejo escritor tomó su cuerpo y su mente empezó a dar vueltas. El ciego y su equipo se disculparon y dejaron a Lidia sola. Un tren, un punto de luz, una finca, una dama, recuerdos de un tiempo ya vivido. Eso es lo que soñó. ¿Y cómo lo se? Cada año, el viejo escritor tomaba el cuerpo del varón de la finca para realizar un último sueño más. Luego obligaba a dicho varón a escribirlo. Así fue como fue creciendo año tras año la inmensa e infinita obra del viejo escritor que no conseguía enlazar sus sueños durante más de media hora. Y así es como te ha llegado ésta historia, sorprendido lector, yo mismo soñé que Pablo soñaba y luego, ese escritor me obligaba a escribir éste mismo relato. Porqué ahora soy yo quién habita la finca. ¿Por qué somos? Bienvenido lectora/or, lee atentamente lo que sigue si quieres conocerme y conocerte(para mi leer a alguien también ayuda a conocerse a uno mismo al descubrir lo que te sugiere lo leído)... Soy un chico de Barcelona, esta es mi realidad. Nací aquí, sí, y por esta increíble casualidad, soy. ¿Ya sabes como hemos venido al mundo, no? Mira que es casualidad que precisamente mi pequeño y cabezudo renacuajo, mi representante, acertara con mi otra mitad, el óvulo, antes que sus otros miles de competidores. Así se completó mi ADN, sí. Pero, ¿y si no se hubieran unido los renacuajos y óvulos correspondientes a mis antepasados como finalmente hicieron? Supongamos que así fuera hasta un cierto momento histórico, por ejemplo hasta mis abuelos. ¿Y si mi abuelo y abuela no se hubieran conocido? ¿Y si no se hubieran enamorado? ¡Ay amig@ lectora/or! Entonces yo no estaría escribiendo esto. Así que tenemos que estar más que agradecidos a la Suerte y si alguna vez no nos sonríe o nos juega una pasada siempre nos quedará la historia afortunada de nuestra venida a la vida.Déjame insistir en ésta valoración que estoy haciendo de la vida. Como decía, estamos aquí por pura casualidad, por chiripa! Entonces, a qué viene la soberbia, la avaricia, el querer ser el más popular... ¿Qué sentido tienen la envídia, la intolerancia y la crueldad? Pero vamos a ver, que la vida nos haya sido dada de rebote no significa que no tenga ningún valor, que sea supérflua. Una vez conseguida hay que luchar para mantener la nuestra propia y la ajena con todas nuestras fuerzas. Y si en nuestre breve paso por aquí conseguimos dar sentido a lo que hacemos, a amarlo y respetar y amar a los que nos rodean... creo que con esto podemos darnos por satisfechos. ¿Somos? Muy bien, hasta aquí os he contado porqué somos. Fantástico, pero ¿y ahora qué? Desde que nacemos nos van educando. A base de risotadas, bobadas, frases absurdas y, ocasionalmente, gracias a alguna conversación coherente lejana; aprendemos, sorprendentemente, a hablar. A lo largo de los primeros meses captamos infinidad de imágenes; identificamos objetos con nombres (aunque nos cueste entender que los perros se llaman 'perro' y no 'guau-guau'); nos acostumbramos a personas; interpretamos movimientos; coordinamos nuestro cuerpo, nos comunicamos y nos hacemos un lugar en el entorno que nos rodea. Los familiares más cercanos, sobretodo nuestra madre: la Mammmáaaah nos proporciona todo lo que necesitamos, principalmente, cariño, algo de que muchos carecen.Así es como crecemos la mayoría de nosotros. Poco a poco, uno se da cuenta de las cosas importantes. Lo principal es nuestra identidad. Así como damos nombre a las cosas, nosotros respondemos al nuestro. El día que te ves por primera vez en el espejo o te reconoces en una foto te acabas de situar en el mundo, te das cuenta de ti mismo. Este es el punto de partida para crecer interiormente. De eso os quiero hablar. Nuestra piel es frontera, muralla entre dos mundos: el interior y el exterior. No podemos vivir encerrados en uno o sólo dispersos en el otro. Tampoco podemos saber qué hacer aquí sin conocer quienes somos. Sería intentar hacer algo sin saber qué nos mueve a hacerlo. ¿QUIENES SOMOS? Todo el mundo tiene su historia. Aunque no lo queramos, el tiempo corre constante e imparable, es inevitable tener un pasado. Sin duda el pasado condiciona lo que hacemos ahora, el presente, y a su vez el futuro toma impulso en base a lo que construimos día a día. Sin embargo no considero que el pasado tenga tanta importancia para definir quienes somos. No he tenido una vida fácil, apacible hasta ahora, afortunadamente… Sino no hubiera aprendido nada y estaría aún andando a gatas. El día a día de un niño de dos años podría ser éste:He vertido colonia a la alfombra. Huele bien. Mamá se ha enfadado y me ha gritado a pocos centímetros de mi cara (su aliento no huele igual de bien). He hecho una excursión por la cocina. Me han vetado la entrada. La cocina está prohibida. He metido los dedos en la sopa. Quemaba. Me han reñido. Me he encontrado un lápiz rojo. He pintado la pared. Me han pegado. Tocaba tomarme la leche. Pero yo quería agua! He llorado. Me han dejado sin merienda. Todo está prohibido, porqué me han traído al mundo? Pues esto, las dificultades nos hacen tirar adelante. Hay gente que lo ha pasado mucho peor que yo y creo que pese a su pasado, hay algo que ha influido más y ha sido más decisivo para su destino. Creo que lo que nos da vida es la fuerza interior, si el mundo exterior ahoga al interior sólo logrando concentrar esta fuerza conseguiremos recobrar esta vida. Esto es lo decisivo: tener el valor para confiar en nosotros mismos, los únicos que nos podemos salvar en última instancia. Estamos solos, por muy íntima que sea una amistad o relación de pareja, en el fondo, estamos solos. Creo que las depresiones o la baja autoestima es de muy difícil superación si dependemos al 100% de los demás. Quizá no sea algo directo pero de alguna forma por lo que somos o hacemos podemos ir recuperándola. Tenemos que aprender a estar solos pese a que nos vendan que siempre hay que estar haciendo algo y, a poder ser, en compañía. Siempre necesitamos ruido y distracc. Creo que sólo si sabemos estar bien con nosotros mismos, si sabemos cuidar de nosotros podremos amar… Lo que nos enseñan los niños De niños es muy sencillo hacer amigos. No somos desconfiados, confiamos en la gente, sentimos necesidad de estar con los de nuestra edad, de jugar. Son muchas las cosas que compartimos, todos nos parecemos: tenemos las mismas dosis de ilusión, curiosidad, vitalidad, energía… Sobretodo somos sencillos, no ponemos límites, la vida no nos deja de sorprender, es como un saco inmenso que aún no podemos cerrar y donde dar cabida a cualquier cosa. Decía que son sencillos los niños. Me refería a que se hacen amigos con quienes comparten cosas, en seguida suelen llevarse bien.Los adultos, por el contrario, anteponen sus intereses, influencias y todo tipo de obstáculos y parapetos hipócritas y comodones. Uno de ellos es el tiempo. Cualquier excusa es buena para llenar nuestro tiempo menos las cosas verdaderamente importantes. Como prestar atención a la gente que necesita ser escuchada, compartir más que un protocolario "buenos días" o "hasta luego" con la familia, acordarnos de llamar a alguien, tragarnos el orgullo y dar el primer paso para reconducir un conflicto. Nos falta tiempo para mirar por la ventana, dejando de pensar en lo nuestro, centrándonos en lo que vemos, en la gente que pasea, habla, se sienta en un banco.. Una persona que tenga tiempo para este tipo de cosas no se considera alguien importante o interesante sino alguien que quizá pierde el tiempo, es un aburrido o no tiene nada que hacer. Los niños siempre dicen la verdad, recordáis lo de “sólo los niños y los borrachos o los locos dicen la verdad”. Nos asusta la verdad, por esto la disfrazamos, la maquillamos dándole el aspecto que deseamos. Es como si se tratara de una pálida pata de pollo que nos repugna y hubiera que cocinar. ¿Por qué no realizamos los sueños que tenemos de niños? ¿Por qué soñamos tan poco? ¿Nos asusta ser nosotros mismos, convivir con nuestra verdad? La infancia es una edad libre de espíritu aunque físicamente nuestro cuerpo esté programado de la escuela a casa con miles de actividades por en medio. Pero los niños pueden estar físicamente haciendo recorridos cortos mientras que dan vueltas al mundo con su imaginación. Un día le preguntaba a mi mejor amigo la causa de tanta actividad a nuestro alrededor. Íbamos camino a casa chutando una lata de refresco y nos sentábamos al final de una pronunciada bajada. ¿Por qué todo el mundo tiene tanta prisa, por qué hay que trabajar tanto, no seríamos más felices de otro modo? No es bueno crecer con esta idea, nos convertiríamos en vagos e inútiles pero sí es bueno conservar esta mirada infantil para simplificar nuestra vida. Vivir es comer, dormir, respirar y hacer algo para ser felices. Vivir en sociedad nos obliga, además de las actividades básicas, a trabajar, consumir… no nos olvidemos de ser felices, de darnos tiempo a nosotros mismos y a los que nos rodean. Amélie(1) Amélie Poulin no es una chica fácil. Tiene su mundo y nadie tiene entrada libre y directa a él. No hay ninguna autopista o cordón umbilical que conduzca a ella. Sin embargo no es dura sinó exigente, con sus posibles pretendientes. Para ella la seducción es un juego. Para saber jugar hay que conocer su mundo, poco a poco y con paciencia. Amélie está triste. Lleva tiempo jugando junto a un chico pero cree haberle asustado, disuadido, cansado. Cree haberse enamorado y, con ello, cree que las reglas del juego deberían suavizarse. Uniendo casualidades, pensamientos, ensoñaciones con Él como objeto, suena el teléfono. Es el 'vecino de cristal' que le manda un mensaje, por vídeo, con voz cansada, ahogada pero con la ternura que sólo los abuelos saben dar a las palabras: Verá, mi querida Amélie... Usted no tiene los huesos de cristal como yo. Podrá superar los golpes de la vida. Si usted deja pasar esta oportunidad(la de estar con su chico) con el tiempo su corazón se irá convirtiendo seco y frágil como mi esqueleto. A qué espera! Ande! Vaya a por él! Aix.. el amor, los silencios de la seducción, las horas de desesperación, las interminables y crueles esperas ante el móvil impasible, el mail inamobible, la puerta que no suena... la larga espera de la antesala del amor. No es fácil lanzarse o retenerse. Cada uno es cómo es. Amélie les hace sufrir, va a su ritmo pero se deja aconsejar por su vecino y pronto tiene a su chico llamando a su puerta de nuevo, paciente, ignorando todo lo que se le avecina y le ha preparado durante años su amada Amélie... Amélie(2) Una constante en la presentación de las personas cercanas a Amélie al inicio de la película es describir lo que les gusta y lo que les incomoda. Son pequeñas cosas, algunas insignificantes pero parecen decirlo todo sobre una persona.Por ejemplo su padre le incomoda orinar cerca de alguien, atraer miradas de desdén hacia sus sandalias, o que se le pegue el bañador al salir de la piscina. A la madre le disgusta que se le arruguen las yemas de los dedos por culpa del agua caliente, las marcas que le dejan su almohada al levantarse o que alguien le roce la mano sin querer. Nos puede proporcionar placer cosas tan sencillas como reventar burbujas de plástico de embalar, crujir los huesos de las manos, la ropa ajustada de los patinadores o toreros o lustrar zapatos. A Amélie le gusta sumergir la mano en el puesto de lentejas cuando nadie le ve, qué sugerente, ¿no? Es que ésta película no deja de ofrecer momentos así, especiales, limpios, infantiles pero inteligentes, que hacen sonreír el alma de artista de cada uno, hacen ver cuánta belleza tiene la vida hasta en lo más pequeño. A ver si me contáis un secreto, ¿qué os gusta/incomoda? Para dar ejemplo empiezo yo… pero la verdad es que cuesta dar con cosas tan simples como en la película. A mi me gusta escuchar el ruido que hago cuando muevo las dos manos rozando las orejas. O el ruido que hace mi padre cuando come la tostada con miel por las mañanas. Me gusta el tacto de la piel fina de un hámster o notar con los dedos el latido de corazón. Me gusta dar masajes. Me gusta hablar por debajo del agua. Me gusta gritar cuando ando perdido con la bici por una montaña olvidada y escuchar el eco. Me gusta que la gente sea participativa, entusiasta y con recursos para no perder nunca la sonrisa. No puedo con la sensación cuando muerdo una toalla arrgggg!! O cuando se cierran de golpe las puertas de casa cuando hay corriente de aire. No soporto las interminables sobremesas familiares charlando de temas que me importan lo más mínimo. No me gusta que me interrumpan cuando hablo con más de una persona. Amélie(3) Amélie es una niña solitaria. De pequeña el único contacto que tenía con su padre era a través de un chequeo médico que él le hacía de vez en cuando. Cualquier niña se muere para que su padre la agarre, levante y juegue un poco con ella. Amélie sólo estaba cerca de él en los chequeos y por eso se le aceleraba el corazón de la emoción y su padre creía que tenía una afección cardíaca y no la dejó ir al colegio. Creció sola, sin amigos de su edad y su mundo interior creció para sustituir a sus amigos de carne por otros bichillos imaginarios. Se entretenía sola en un mundo infantil muy creativo.A Amélie le gustan cosas que disfruta ella sola. Le gusta girarse para mirar las caras de los espectadores en medio de una película. Le gusta ver los detalles que nadie ve en las películas pero no le gustan esas que el conductor nunca mira la carretera. Le gusta sumerger la mano en un saco de legumbres o tirar piedras en un estanque para que peguen botes. Le gusta romper el caramelo de crema catalana con la cucharilla. Pero no es una chica triste, está en su mundo, que es un mundo alegre y con preguntas como ¿cuantas parejas llegarán al orgasmo en este momento en París? mientras mira la ciudad desde un mirador. A mi también me gusta hacerme preguntas sobre la gente pequeñita que veo desde el mirador de Barcelona. Me pregunto por qué tienen prisa, por qué suspiran, por qué darían su tiempo, por quién lo darían todo. Amélie es esa chica del vaso de cristal, del cuadro de Renoir, que pinta una vez por año el 'hombre de cristal', su vecino. Él le pregunta a Amélie qué le pasa que tiene esa mirada ausente. Amélie le responde que quizá es distinta a los demás y de pequeña no jugaba con niños de su edad. |
UNIENDO CASUALIDADES... esperando la casualidad buscada de mi vida, la más grande...
["Los Amantes del Círculo Polar" (Júlio Médem, 1998)] Foto encabezamiento realizada por 'Galatea'
Temas
Archivos
Enlaces
|