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Resumen

Tolerancia y Libertad

20080203021627-libertad.jpg[Imagen © Flickr.com. Colores como símbolos de individuo]

Se puede ser libre y tolerante a la vez? Aunque a muchos os sorprenda, creo que puede llegar a ser contradictorio.
Solemos definir la libertad más a base de ausencias (de preocupaciones o miedos) que de una actitud activa (elecciones).
Por el otro lado, según el diccionario de la RAE la tolerancia es “Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”.  

Como se aprecia en la definición, para tolerar las ideas de los demás hay que empezar por tener ideas propias.
Se tolera en la medida en la que existe contraposición de ideas. Por lo tanto ser tolerante es una cosa, ser indiferente, otra muy distinta.
Esta forma pasiva o indirecta de entender la libertad y la tolerancia es engañosa.
Somos indiferentes (y no tolerantes!) cuando se traspasan los límites de la libertad y nos dedicamos a mirar a otro lado.
Dicen que mi libertad acaba donde empieza la de los demás.

Otro matiz curioso que se desprende de la definición es que si las ideas o prácticas de los demás son iguales a las nuestras no se habla de tolerancia.  
Aunque no suele ser políticamente correcto, se pueden tener las ideas claras, ser abierto de mente y tolerante a la vez.
Es más habitual encontrar ideas claras intolerantes o tolerancia y mucha apertura de mente pero sin ideas de ningún tipo o actitud para aprovecharlas.  
La actitud correcta precisamente es la de tener la inquietud de formarnos una opinión de las cosas, contrastarlas y actualizarlas con los demás con humildad y respeto pero sin escondernos.
Por desgracia la indiferencia y el egoísmo estan más en auge que la auténtica libertad y tolerancia.
Domingo, 03 de Febrero de 2008 02:25 Autor: Tonificante. #. Hay 3 comentarios.

Yo he cambiado, todo ha cambiado

20080208114803-gotadeagua.jpg

"Nada ha cambiado, sólo yo he cambiado. Por lo tanto, todo ha cambiado"

Cuando leí esta frase, supongo que al igual que tu, me dió que pensar. Es curioso como, si uno está atento, en poco tiempo han habido diferentes momentos que me han recordado esta misma frase. Un libro, una charla. Precisamente de esto os quiero hablar.
Conversando con E.B. me dijo que es muy celoso con su pareja. Resulta que los celos llegan a tal punto que cualquier signo de comunicación de su pareja con el móvil que no vaya dirijido a él, cualquier ausencia no justificada, un tiempo (más de 3 horas) sin un SMS o llamada de su pareja, le resultan motivos suficientes para sentir la necesidad de saber de ella y de su relación con los demás chicos que la rodean.
Supongo que véis la relación de este ejemplo con la frase inicial de este post. Nosotros decidimos (más de lo que nos pensamos) sobre cómo ver la realidad casi tanto como la realidad se nos impone por si misma.

Por ello ante una misma amenaza, si nos la encontramos en dos momentos diferentes, la podemos usar a nuestro favor superando una adversidad o nos puede vencer volviéndose en nuestra contra. Según la actitud que decidamos tener podemos convertir cada amenaza en un reto, en una oportunidad.
Según cómo decidamos ver y vivir la vida, la realidad que nos rodea puede cambiar. Ya es hora que nos demos cuenta que para que haya un cambio en nuestra vida o nuestra relidad, tenemos que empezar por nosotros mismos. "Yo he cambiado, por lo tanto, todo ha cambiado".

En nuestras manos está tener una actitud positiva y activa para ir a buscar lo que nos interesa sin esperar a que nos llegue la casualidad o la oportunidad. Dice George Bernard Shaw que "Sólo triunfa aquél que se levanta y si no encuentra las circunstancias, las crea". Hay que creer en uno mismo y en la cantidad de cosas positivas y recursos que tenemos para ser felices y hacer felices a quienes nos rodean.
Por esto he escogido la foto, transmite la idea que desde uno mismo podemos influir, con buenas vibraciones, a nuestro entorno.

Viernes, 08 de Febrero de 2008 11:53 Autor: Tonificante. #. Tema: Inspiraciones Hay 4 comentarios.

¿Sentimientos inducidos?

20080213110412-sentimientos.jpg

[Imagen de Nazareno ]

El otro día, de repente, me vino la siguiente pregunta:
¿ Hasta qué punto podemos, a base de voluntad, inducir nuestros propios sentimientos ?

Comentábamos en el anterior post que, si nos lo proponemos, podemos superar cualquier adversidad, modificar hábitos y hasta influir en nuestro entorno.
Sin embargo, la pregunta va más allà.

¿ También está en nuestras manos inducir ideas positivas o negativas en el campo de los sentimientos más profundos como el amor, el odio, el rechazo, la amistad ?
¿ Podemos amar o odiar a alguien y, a base de proponérnoslo, dejar de amarlo, dejar de odiarlo ?
¿ Se puede amar por decisión o convencimiento ?
¿ Odiamos por orgullo, lo podríamos evitar pero no nos da la gana, por capricho ?
¿ Amamos por interés, por no sentirnos solos, por miedo a perder el ser amado o a no encontrar reemplazo, amamos por necesidad ?
¿ Hasta qué punto manda el corazón o la cabeza en nuestros sentimientos más fuertes e importantes?
¿ Qué peso tiene cada uno, depende del momento? O hay un tercer elemento que combina cabeza y corazón que es la intuición?

Bien, os dejo estas preguntas para la reflexión. Yo creo que hay un poco de todo esto en nuestras relaciones.
En parte quiero pensar que nos movemos con naturalidad, por instinto inconsciente y sólo a veces por intereses concretos, por miedos...
Pero da un poco de miedo pensar que nuestros buenos sentimientos no sean espontáneos e implícitamente sean interesados y buscados.
Y por otro lado, es una lástima que si podemos controlar los malos sentimientos, porqué el ser humano sigue siendo tan frágil y vulnerable a ellos.

Pero al final, lo deseable es que intentemos revisar los sentimientos para hacerlos más nuestros sacándoles toda sombra de hipocresía, egoismo, apariencia para no banalizarlos y así hacerlos más auténticos.

Miércoles, 13 de Febrero de 2008 11:09 Autor: Tonificante. #. Tema: Introspecciones Hay 1 comentario.

La evolución de la fama

20080223230835-paris.pngHace unos meses Antoni Marina, filósofo y profesor de instituto, reflexionaba sobre la fama.
Se preguntaba por qué damos fama a quien no se lo merece y hacía un recorrido histórico de cómo ha evolucionado el perfil del famoso.

Antiguamente
quienes recibian honores y reconocimiento públicos eran los héroes de la guerra y las grandes gestas.
Había el concepto de honor y se daba valor a la palabra dada.
Hoy en día somos mentirosos por definición y se trata de demostrar lo contrario.

Sin embargo este modelo del mérito empezó a decaer porqué resultaba ser demasiado tiránico y discriminador.
Se creaban envidias, etiquetas y costaba ser uno mismo sin el miedo al qué diran.
Apareció la libertad personal, la igualdad, la independencia del juicio ajeno.
Poco a poco dejó de tener prestigio hacer las cosas bien (el mérito) para ganar protagonismo la transgresión como forma de liberación.
La coacción o control que ejercía la propia sociedad que marcaba lo que era normal de lo raro, lo correcto de lo que estaba mal, se fue suavizando.
Se sustituyó el control social por el Código Penal.

La fama se relacionaba con el espectáculo de ficción (pintores, actores, bailarines, cantantes).
Sin embargo con la difusión de los medios de comunicación cada vez era más difícil llamar la atención sólo por las noticias positivas (que se dan muy de vez en cuando).
Se generalizó lo de que hablen de ti, aunque sea mal.

Lo que ha cambiado es que en la actualidad existe gran confusión entre realidad e irrealidad, entre la notícia y la ficción.
La realidad muchas veces supera la ficción y el problema es que la fama genera modelos a ser imitados.
Ahora todo el mundo quiere ser famoso sin hacer nada, para no hacer nada.
Y ahí es donde el pedagogo Marina daba su toque de alerta: los jóvenes se reflejan en estos personajes falsos.
Pero nos da tres herramientas para influir silenciosamente en la marcha de la sociedad: a través del voto político eligiendo a nuestros gobernantes y legisladores, a través del voto económico decidiendo qué comprar y qué no comprar y, finalmente, a través del voto de prestigio, dando valor a unas cosas y personas y no a otras.
Sábado, 23 de Febrero de 2008 23:08 Autor: Tonificante. #. Tema: Ecos del Mundo No hay comentarios. Comentar.

Ciudad inhóspita

20080227125559-butaca.jpgUn niño y su abuelo, dos personas, dos mundos conectados por el vínculo del cariño y la atracción simbiótica entre curiosidad y experiencia.
Vivían en casas y poblaciones distintas, el niño en la gran ciudad mientras que el abuelo se había retirado en un pueblo donde no molestaba ni era molestado por nadie.

A Pedrito le gustaba ir al pueblo a ver a su abuelo.
Allí era libre de corretear entre las calles, conocer a las personas que encontraba, perseguir o descubrir nuevos insectos bajo las piedras cerca del río donde se mojaba los pies.
Cuando volvía a la casa de su abuelo, aún con el corazón palpitando y alguna que otra rascada en la pierna, necesitaba un tiempo para acostumbrarse a la oscuridad.
Poco a poco, al ir recobrando la vista, identificaba uno a uno los objetos que llenaban la casa.
Cada uno le parecía único y con significado propio, con vida. El vestíbulo era todo de madera. Había bastones rectos de haya, una antigua máquina de coser con su característica rueda que giraba en pisar el pedal, un baúl lleno de manteles y ropas blancas, una mesa robusta donde su abuelo arreglaba relojes viejos y jugaba con martillos y alicates.

Un montón de recuerdos le unían a su abuelo. Pero uno de los más especiales era que, cuando hacía frío y las montañas estaban nevadas, su abuelo lo sentaba en sus rodillas y le contaba algún secreto. Por ejemplo, que por la noche la mesa se desperezaba y se sacudía las herramientas para hacer unas cuantas flexiones mientras el armario hacía lo propio con sus puertas, mientras la vieja radio se ponía romántica y cantaba una vieja canción a la luz de la luna. Entonces del baúl salían un par de vestidos que resultaban ser los pijamas de sus abuelos y se ponían a bailar dando giros a un palmo de tierra enfocados por un atenuado cono de luz que salía de la vieja bombilla.

Lejos le quedaban a Pedrito las cosas de la ciudad: su escritorio lleno de revistas y juguetes, la consola, la TV, el móvil, sus escurridizos vecinos o los aburridos niños del colegio que no tenían imaginación. A él le sobraban ideas y si se aburría, siempre podía rescatar mentalmente el pueblo, la casa, los objetos en la noche, la dulce libertad que deberían ofrecer nuestras ciudades pero que cada día son más inhóspitas para los que se atreven a jugar en la calle. Y luego dicen que los pueblos son aburridos.
Miércoles, 27 de Febrero de 2008 12:53 Autor: Tonificante. #. Tema: Relatos Hay 2 comentarios.



UNIENDO CASUALIDADES

... esperando la casualidad buscada de mi vida, la más grande...

["Los Amantes del Círculo Polar" (Júlio Médem, 1998)]

Foto encabezamiento realizada por 'Galatea'

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